La estrategia de Reich fue la de “copar” los espacios de opinión pública, como el de Larry King en vivo (izquierda), por parte de funcionarios como Oliver North.

Otto Reich, La batalla en Washington

El pasado 22 de marzo, el presidente George Bush nominó a ocho norteamericanos para incorporarlos a servir en su administración, entre ellos a Otto J. Reich, para el cargo de Asistente del Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos, un cargo ultrasensible para las futuras relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Nicaragua. Reich, de 56 años […]

  • El pasado 22 de marzo, el presidente George Bush nominó a ocho norteamericanos para incorporarlos a servir en su administración, entre ellos a Otto J. Reich, para el cargo de Asistente del Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos, un cargo ultrasensible para las futuras relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Nicaragua. Reich, de 56 años y de origen cubano, fue un feroz guerrero antisandinista durante la administración Reagan

Roberto Fonseca [email protected]

Segunda entrega.- El 5 de julio de 1983, a la edad de 38 años, Otto Reich pasó a dirigir la guerra que libraba la administración Reagan contra los sandinistas, en el campo de la contra-propaganda. Su misión, dicho sin tapujos, consistía en ganar “las mentes y los corazones” del público norteamericano, grupos religiosos, políticos y periodistas, que apoyaban o simpatizaban con la revolución sandinista.

Tenía “madera” para hacerlo. Reich, según el resumen biográfico que distribuyó en ese entonces el Departamento de Estado de Estados Unidos, era un “veterano” del ejército de ese país, que se ganó la “Medalla de Cumplimiento del Ejército”, entre 1966 y 1969. Además era un furibundo anticomunista, que se había visto obligado a salir huyendo de su nativa Cuba, tras el triunfo de Fidel Castro.

Así que siete días después de su nombramiento como Coordinador de la Diplomacia Pública para América Latina y el Caribe (bajo las siglas S/LPD), Reich ya participó en la reunión que sostenía regularmente el “anillo íntimo de poder” de la administración Reagan, el denominado “Grupo Especial de Planificación” (Special Planning Group / SPG), al que asistía el propio mandatario, su Consejero de Seguridad Nacional, el Director de la CIA, el del Departamento de Defensa y el Secretario de Estado. Ahí se decidían las líneas de seguridad y política exterior.

“Otto Reich fue presentado como el nuevo coordinador de la diplomacia pública para Centroamérica”, dice el acta resumen de la reunión, calificada de “Confidential” (Confidencial), por la Casa Blanca. Fue desclasificada el 4-1-89, según la copia en poder de LA PRENSA.

“Reich necesitará tener un personal de apoyo inmediato para realizar sus obligaciones. Al Departamento de Estado se le solicita brindarle el espacio para una adecuada oficina; personal, apoyo logístico y un presupuesto de operaciones”, refiere el texto en mención, suscrito por William P. Clark, Consejero de Seguridad Nacional, de enero 82 a octubre 83. El sustituyó en ese sensible cargo a Richard V. Allen, quien dimitió el 4 de enero de 1982.

“Se aprobó el documento de la estrategia básica sobre Centroamérica. Reich tiene la tarea de desarrollar un plan de acción inmediata y poner en marcha un programa para llevar a cabo toda la estrategia sobre Centroamérica”, agrega el acta de la reunión.

“Me gustaría subrayar una vez más que no hay una prioridad de diplomacia pública más alta en la mente del presidente. Debemos aclarar los temas, establecer claramente nuestras políticas y generar un apoyo internacional y nacional para nuestros propósitos”, resumió Clark.

Reich, entonces, puso manos a la obra.

OJOS, OIDOS Y VOZ DE REAGAN

La oficina a cargo de Reich, con las siglas S/LPD, estaba situada en la sede del Departamento de Estado, en Washington. Se definía como una “oficina interagencial”, ya que empleaba a oficiales y expertos provenientes de varias agencias gubernamentales, especialmente de la Agencia de Información (USIA), del Departamento de Defensa (DOD), de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) y del Departamento de Estado. Y, entre ellos, especialistas en “guerra sicológica”.

“Interactúa regularmente con varias otras oficinas del gobierno, incluyendo el Consejo de Seguridad Nacional y con diferentes agencias de inteligencia”, señaló el propio Reich en un balance que escribió sobre la labor realizada por S/LPD.

Copia de este balance de trabajo, correspondiente al período del 1 de octubre de 1983 al 23 de noviembre de 1984, se lo envió Reich a Wes Egan, en febrero de 1985, con la indicación de que él mismo lo había preparado para su presentación verbal ante el juez Clark, el mes anterior. Con éste, aseguraba Reich, se daría “una idea” del alcance de su trabajo.

Para dar una idea de la magnitud de su labor, refirió que en el lapso de quince meses (período antes señalado), la oficina de Reich organizó e impulsó un total de 1,570 compromisos de presentaciones directas, de entrevistas radiales y televisivas, así como de reuniones con consejos editoriales sobre el tema de Centroamérica.

“Los voceros del Departamento de Estado visitaron más de mil ciudades de EE.UU. durante este período, incluyendo las más importantes de San Francisco, Miami, Indianápolis, Seattle, Cleveland, Houston y Boston”, señaló en su informe.

Además, se ufanaba de incidir positivamente en la agenda periodística alrededor de Nicaragua e incluso, de “haber asesinado” en varias ocasiones, historias nuevas que se preparaban y donde se ponía en tela de duda la política exterior hacia los sandinistas o de apoyo a los contras.

Como muestra, Reich refirió que en noviembre de 1983, durante “el aleteo de la prensa” sobre una posible entrega de aviones soviéticos de guerra MIG a Nicaragua, su oficina “ofreció más de 30 resúmenes de antecedentes a los medios de comunicación y recibió más de 100 llamadas telefónicas de los reporteros en una semana, alrededor de ese único tema”.

AMPLIO TENDIDO

Entre sus principales labores, la S/LPD producía, elaboraba y distribuía, libros y folletos sobre varios ejes y acusaciones, entre éstas el militarismo en Nicaragua, la violación de los derechos humanos y los vínculos con grupos terroristas, sobre todo árabes. Estos, inicialmente, los elaboraban consultores externos.

Para asegurarse la distribución efectiva y su impacto, manejaban “cuatro listas principales”, a quienes les hacían llegar regularmente materiales sobre Centroamérica.

En el listado correspondiente al sector privado -por ejemplo- tenían incorporado a unas 350 personas, de una variedad de categorías como medios de comunicación, educación, negocios y; organizaciones de asuntos internacionales. En tanto, el listado de gobierno incluía a 95 funcionarios claves, aparte del listado de 51 Embajadores de EE.UU. en América Latina y Europa Occidental e igual número de oficiales políticas de las sedes diplomáticas norteamericanas.

“Para ampliar nuestro cobertura sobre asuntos particulares, frecuentemente enviamos materiales a las personas de la lista que se mantienen en el Buró de Asuntos Públicos”, entre los que se destacaban a sectores universitarios, periodistas, organismos no gubernamentales, religiosos y hasta organizaciones de veteranos.

“En una reciente correspondencia de tres folletos sobre Nicaragua, llegamos a 1,600 bibliotecas de colegios y universidades; 520 facultades de relaciones internacionales y ciencia política, 162 redactores de editoriales y a 107 organizaciones religiosas”, reportaba orgulloso Reich.

Eso, en el primer año de labor. La batalla de la contra—propaganda en el propio Estados Unidos, apenas comenzaba.

También con este artículo:

Ex diplomáticos sandinistas sintieron “el gas” de Reich.

(Mañana: Reich, de la cumbre a la caída).  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí