Acoge la vida

Nina Lucas Callejas

Desde el momento de la concepción, unión del óvulo de la madre y espermatozoide del padre, se inicia la vida humana. En esos primeros días de vida, el ser humano es el más indefenso ser y quien necesita mayor protección por encontrarse en una etapa frágil de su desarrollo y en dependencia absoluta de su madre de quien recibe directamente el alimento y todo lo necesario para subsistir mientras esté apto para nacer. El vientre materno se convierte en ese lugar sagrado que acoge la vida. Nada se compara con la vida humana floreciente, que siguiendo el curso de su existir será la misma persona antes de nacer (cigoto–embrión–feto) y después de nacido (bebé–niño–adolescente–joven– adulto y anciano). Un ser irrepetible y único, con su propio destino, con una misión para desempeñar y su propio estilo para cumplirla.

El aborto provocado interrumpe este proceso natural, por ese motivo algunos le llaman “interrupción del embarazo”, sin embargo, esto no debe ser su definición puesto que oculta la cruel realidad que el aborto provocado es un asesinato. Si de cambiar el lenguaje se trata, el hecho criminal de matar por asfixia a otro se le llamaría: “interrupción de su respiración” y el robar sería una “interrupción del derecho de propiedad”. No podemos ir perdiendo conciencia de lo que es un delito. Y abortar es matar.

La realidad del aborto provocado es que en cada aborto se está matando a un ser humano, se está muriendo una persona, se está cometiendo un crimen y esto no puede ser lícito. Y si las leyes de nuestro país no acogieran la vida sino que promovieran su destrucción, se estaría cada vez perdiendo sensibilidad humana, así el aborto sería provocado por cualquier motivo y se haría lo que es para algunos: un negocio. Los pobladores de esta nación dedicados a la crueldad de sacrificar niños, cambiarían dinero por sangre inocente, se convertirán en asesinos a sueldo.

Un pueblo cristiano católico que es capaz de gritar ¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María! Cómo puede después tener tanta incoherencia e irrespetar la concepción de sus hijos, en el inicio sagrado de cada vida humana. Por eso nuestras leyes son coherentes no sólo con nuestra fe, sino con nuestra humanidad. Y una de las muestras de mayor solidaridad con el más débil e indefenso ser ha sido el oficializar el “Día Nacional del Niño por Nacer” a manera de acoger y proteger la vida, acto noble que quedará por el resto de nuestra historia.

* M.Sc. Psicopedagoga.  

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