Julio Ruiz Quezada
Que me perdonen mis colegas abogados por usar un término jurídico, para terciar en la discusión económica y política en que se han enfrascado el Ing. Antonio Lacayo y el Presidente del Banco Central: Dr. Noel Ramírez.
Confieso sólo saber de Economía los rudimentos que un abogado y político maneja, pero la política es una continúa lucha entre el despotismo y la libertad, entre progreso material y los valores morales, estando entre los últimos la procura del bien común, lo que permite intervenir en este asunto.
El Ing. Lacayo preguntó al Dr. Ramírez aclaración sobre tres puntos: 1) ¿Por qué no han subido las exportaciones en este gobierno?; 2) ¿Por qué ha aumentado la deuda interna?, 3) ¿Por qué los organismos internacionales exigen que subamos las reservas? El emplazado Dr. Ramírez contestó a medias, trató de diferir lo preguntado dando cifras, números o estadísticas y atacó al gobierno de doña Violeta, al que perteneció el Ing. Lacayo.
En todo caso, tanto preguntas como respuestas, se refieren a la macroeconomía, la que el pueblo no entiende, además que las cifras, cuadros y porcentajes no solucionan los problemas de la pobreza en general, ni el de la falta de empleos, tampoco el de la salud, etc.
En el gobierno totalitario de los sandinistas no se nos dieron cifras, se creyeron providenciales y sin obligación de informar de su gestión, ya que fueron un gobierno de facto lo que les permitió comportarse como soberanos absolutos. Pero al final de los finales (no creo que el pueblo les dé una nueva oportunidad) nos encontramos en los años 90 con un país económica y moralmente destruido, con un gobierno exageradamente grande, pobreza extrema, la familia dividida por el exilio y la guerra, todo eso más una deuda externa de cerca de doce mil millones de dólares, que no podrían pagar ni los hijos de nuestros bisnietos.
En los dos gobiernos no totalitarios se han dado cifras y ambos se declaran campeones de la reducción de la deuda, del aumento de la producción, de la reducción de la inflación, del crecimiento de la economía, etc.; pero los que estamos abajo no sentimos el resultado de tales cifras, por lo que no creemos en ellas, lo que también ocurrió con el Dr. Francisco Laínez, ex ministro de Economía del gobierno del Dr. Alemán, quien al renunciar señaló como uno de los motivos precisamente, que el Dr. Ramírez inflaba las cifras para demostrar una bonanza inexistente.
La discusión entre Lacayo y Ramírez es bizantina, ya que cualquiera que tenga la razón si alguno la tuviere, el pueblo lo que percibe es que cada día hay más pobreza extrema, más desempleo, más éxodo de nicaragüenses, lo que parece agradar al gobierno actual, ya que las remesas en dólares producen más ingresos que la exportación de nuestros principales productos.
El crecimiento económico que alegan ambos, si existió, quedó retenido en las altas esferas oficiales o simplemente fueron números que proporcionaron la ocasión para elaborar los informes al Fondo Monetario o al Banco Mundial, para conseguir nuevos endeudamientos.
Hace tiempo leí en alguna revista que no hay que confiar en los informes de los enfatuados economistas, ya que no son reales. Se ponían ejemplos: Juan Pérez y Marina García tienen que alimentar a 5 ó 6 hijos y no a 5.6 hijos; para conocer la temperatura media de Pedro Alarcón, le metieron uno de sus pies en un balde de agua a punto de congelación y el otro en un balde con agua a punto de ebullición, al tomarle la temperatura dio como promedio un agradable 37º a pesar de que un pie le quedó congelado y el otro escaldado.
He llamado bizantina a la discusión porque ni el Ing. Lacayo ni el Dr. Ramírez tienen ya la oportunidad de resolver los problemas del país; el primero pudo hacerlo durante el gobierno de doña Violeta y el segundo si no ha podido hacerlo en todo el período del Dr. Alemán, ya no podrá hacerlo en los pocos meses que faltan y el tiempo se le acabó.
Hay que dar oportunidad a gente nueva, bien intencionada, no corrupta y que esté dispuesta a sacrificarse por el pueblo de Nicaragua que a mi juicio ha sido demasiado paciente.
* El autor es jurista.