- Lo que fue el campamento militar más famoso de la guerra de los años ochenta, Mulukukú, es actualmente un poblado enorme y desconfiado que quiere conseguir su “libertad” e independencia administrativa, aunque sea a costa de sangre y fuego
José Adán Silva [email protected]
Don Victorino es un pequeño productor al que se le complica la vida por vivir en Mulukukú. Su casa está en el sector de Mulukukú que pertenece al municipio de Paiwas, en la Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS), pero sus tierras están en el sector del mismo pueblo, pero que territorialmente pertenece a Siuna en la Región Autónoma Atlántico Norte.
Para ir a pagar sus impuestos o hacer cualquier gestión sobre su finca, tiene que recorrer 120 kilómetros para llegar a Siuna, donde le toca rendir sus impuestos. Para sus asuntos personales, tiene que ir a Paiwas, 89 kilómetros al sureste de Mulukukú.
Llegó a estas tierras a finales de los años 80, como desplazado de guerra. Cada vez que tiene que arreglar un asunto, personal o de negocios, maldice a los que durante los últimos 10 años le han prometido que un día Mulukukú será un municipio autónomo, para que sus ciudadanos puedan gestionar ahí mismo sus asuntos.
Junto a él, 22 mil personas más viven en iguales condiciones. El enfrentamiento ocurrido el pasado 24 de abril, donde hubo un muerto y varios heridos, es sólo la parte hasta ahora más visible de una protesta social que ya lleva 10 años.
TIERRA DE SAINOS PIDE AUTONOMIA
La historia de este pueblo tiene sus raíces en la guerra de los años ochenta. Mulukukú, como comunidad habitacional, tiene su nacimiento en 1983, cuando el Ejército Sandinista desplazó hasta ese lugar a cientos de familias que vivían en escenarios de guerra más al norte del país.
El nombre nativo de “Mulukukú”, tiene su origen en las voces indígenas que significan “Ribera de Saínos”. En la década del 70, Mulukukú aún estaba deshabitada y cubierta por espesas montañas. Sus primeros habitantes fueron miskitos que se asentaron en las riberas del río Tuma, donde construyeron casas al estilo indígena: madera, piso de tambo y techo de hojas que les ofrecía la naturaleza.
Al originarse la guerra en la década de 1980, se fundó una escuela militar exactamente en este sector. En esta época fueron evacuadas algunas familias de los escenarios de guerra, como parte de la política de destruir las redes de apoyo social que los guerrilleros antisandinistas tenían en el campo.
Algunas familias aceptaban irse a Mulukukú, y otras pasaron a enlistarse en las filas de la Contra. Así, muchos de los guerrilleros de todo el norte del país, tenían a sus familias en Mulukukú. Y mientras las mujeres crecían, se relacionaban con los militares sandinistas, mientras sus hermanos, padres y primos, estaban en la Contra.
Esto trajo consigo consecuencias terribles de división, convirtiendo el territorio de Mulukukú en campo de batallas y en campo de muerte para miles de nicaragüenses, tanto guerrilleros, militares y personas civiles.
A LA SOMBRA DE OTROS MUNICIPIOS
La historia de Mulukukú ha sido la historia de una comunidad que ha estado a la sombra de otras comunidades. En 1984, cuando se efectuaron las primeras elecciones del FSLN que dejaron como alcalde auxiliar de la comarca a Noel Montoya Valle, militante del FSLN, Mulukukú era una filial de Río Blanco. Así fue de 1984 a 1990.
En 1988, la población sufrió las consecuencias del desastre natural del huracán “Juana”, que destruyó las casas que estaban muy próximas al río Tuma. Este fenómeno dio lugar a que la población se dividiera en dos partes separadas por el río Tuma: un sector del poblado dentro del territorio de la RAAN y el otro dentro de la RAAS.
Montoya, quien dirigió el primer movimiento comunal pro municipalización de Mulukukú hasta 1996, reconoce que en la protesta por alcanzar la posición de municipio han participado miembros de la ex Resistencia, ex miembros del Ejército, y partidarios sandinistas, liberales, conservadores y de otros partidos.
Montoya ahora es Concejal Regional electo en las elecciones regionales del primero de marzo de 1998.
Cuenta que en 1990, al ganar las elecciones la Unión Nacional Opositora (UNO), comenzó a funcionar como alcalde auxiliar un productor llamado Juan Antonio Sotelo García, quien era el máximo líder en el territorio de esa época; éste ejerció el control administrativo de la Alcaldía filial Mulukukú-Río Blanco durante el período de gobierno de la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro.
Bajo su gestión, y el apoyo de varios sectores del pueblo, principalmente productores, se creó en 1994 una comisión que elaboró un anteproyecto de Ley de Creación de Municipio de Mulukukú.
La comisión envió el 4 de abril de 1994, a la Asamblea Nacional el anteproyecto de ley, pero el entonces presidente del Parlamento, Luis Humberto Guzmán, lo descartó. El intento de proyecto había sido apoyado tanto por el Consejo Regional y Municipal de Paiwas y la RAAS, así como el de Siuna y la RAAN. Guzmán, según consta en carta enviada a los solicitantes, les dijo que el proyecto era “incompleto para la municipalización” y que “fracasó por estar mal formulado”.
En este mismo año, la comisión entró en discordia. Se crearon dos masas populares, integradas por sandinistas y liberales. Por una parte Esteban Sevilla y sus simpatizantes del Frente; recibieron el nombre de “Masa Sevillana”. Por el otro lado, estaban representados por Juan Antonio Sotelo y su gente, quienes recibieron el nombre de “Masa Sotelista”.
Surgieron huelgas y protestas, pero al final acordaron celebrar elecciones y el que las ganara ése sería el alcalde auxiliar que llevaría las gestiones de la municipalización.
Una vez celebradas las elecciones resultó electo Juan Antonio Sotelo. El perdedor fue Sevilla, pero mancomunado con la alcaldesa de Paiwas y facultado por la ley, fundó una Alcaldía en su casa de habitación y desoyó los acuerdos.
Desde ahí recaudaba impuestos para la alcaldesa de Paiwas y en ese entonces se incrementó grandemente la producción agrícola y ganadera, la zona se convirtió en activo lugar de negocio, pero todos los impuestos eran para Paiwas.
Ante esta situación surgió en 1995 una comisión nueva para continuar el proceso de municipalización. Esta comisión, según consta en actas, estaba integrada en un 50% de sandinista, 25% de liberales y 25% de conservadores, pero otra vez se entró en desacuerdo.
Para entonces, las promesas de la municipalización ya habían sido parte de la campaña de la UNO. Un año más tarde, les tocó el turno de prometer a los liberales, según recuerda Pabla García Varela, quien era la Tesorera del Movimiento Pro-Municipalización.
Recuerda que el 4 de agosto de 1996 hizo presencia en Mulukukú el entonces candidato Arnoldo Alemán. Allá confirmó que una vez estando en el poder convertiría a Mulukukú en un municipio “como una tarea prioritaria”.
Luego llegó en diciembre de 1997 y en febrero de 1998, y en ambas visitas, el ahora Presidente Alemán, ratificó su promesa. La gente le creyó y levantaron una lista de más de cinco mil firmas para respaldar el proyecto. La lista fue notificada y autenticada el 4 de agosto de 1999 por el abogado Enrique Miranda Casij.
Desde Matagalpa, les llegó un mensaje del Partido Liberal: suspenda temporalmente sus reclamos, hasta después de las elecciones municipales. Igual respuesta les llegó en carta firmada por el entonces secretario privado del Presidente Alemán, René Herrera.
Martha Auxiliadora Mendoza, vocal de la Comisión, recuerda que el 17 de mayo de 1999 le enviaron otra carta al Presidente Alemán, pero la respuesta que les llegó fue motivo de decepción para los simpatizantes del partido: hasta después de las elecciones municipales. La respuesta, esta vez, es otra promesa: cuando el presidente sea diputado.
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