Antonio Lacayo*
Ciertamente resulta sorprendente que el presidente del Banco Central se niegue a contestar tres simples preguntas. Se las hice el 30 de abril y, después de dos artículos suyos apenas ha logrado contestar una, y mal contestada. Las exportaciones durante el actual gobierno no han subido, por más que el Dr. Ramírez trate de manipular las estadísticas a su favor. Las de 1997, su primer año, aún bajo la influencia del gobierno anterior, fueron de $577 millones. Por otra parte, autoridades del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), conocedor del tema, estiman que este año serán de $580 millones, según declaraciones publicadas a fines de abril en LA PRENSA. No hay por tanto ningún aumento. Más claro no canta un gallo.
Las otras dos preguntas continúan esperando contestación. ¿Por qué ha aumentado tanto la deuda interna del Gobierno durante estos últimos años? y ¿por qué los organismos financieros internacionales están requiriendo que el gobierno suba significativamente el nivel de reservas internacionales? Como presidente del Banco Central, el Dr. Ramírez debería conocer las respuestas. Nosotros, los ciudadanos, tenemos derecho constitucional a conocer estas cosas. Si continúa sin contestarlas, debo entender que se burla de ese derecho o que no está a la altura de un verdadero presidente de Banco Central.
En cuanto a sus dos preguntas, que nada tienen que ver con las preguntas que yo le hice, procedo a contestarlas con muchísimo gusto. A mí no me molesta que este gobierno haya avanzado en los índices macroeconómicos que el doctor menciona. Si algo me pudiera molestar, en todo caso, es que no haya logrado avanzar aún más, con todo el terreno que el gobierno de doña Violeta le dejó preparado en enero de 1997. Esta economía debió haber crecido 7, 8 ó 10 por ciento por año desde entonces, en lugar de un modesto 5, y hoy deberíamos estar exportando mil millones. Las condiciones estaban dadas.
Sobre su segunda pregunta, me alegra que el Dr. Ramírez admita públicamente que doña Violeta consiguió más apoyo internacional del que ha podido conseguir el actual gobierno. A mí no me extraña. La Comunidad Internacional no admite ser cómplice de la corrupción que el Presidente Alemán ha institucionalizado. La poca ayuda que se ha conseguido en los últimos años ha sido “a pesar” de Alemán, porque el pueblo la necesita, sobre todo después del huracán Mitch.
El gobierno democrático de doña Violeta, el que abrió las puertas a la paz, a la democracia y a la posibilidad de una reconstrucción económica, consiguió esa ayuda para revivir a un país muerto, para sanarle sus heridas, hacerlo andar y permitirle salir a ganarse la vida. Lo hizo para apoyar a 22,000 ex combatientes de la Resistencia Nicaragüense a dejar las armas. Lo hizo para reducir un ejército de más de 90,000 hombres a menos de 15,000. Lo hizo para comprar armas y quemarlas. Lo hizo para poderle dar algo a los miles de empleados públicos que debían salir de la abultada burocracia gubernamental.
Para que hoy se pudieran hacer obras, al gobierno de doña Violeta también le tocó pagar la inmensa deuda que el socio de Alemán en el pacto, Daniel Ortega, dejó al salir del gobierno en 1990. El resto se invirtió en hospitales nuevos, en miles de escuelas y centros de salud a través de nuestro programa FISE, en casas de justicia, reparación de caminos productivos, pozos y tanques de agua, redes de electricidad y ciertamente muy pocos letreros y rotondas. Detalle pormenorizado se puede encontrar en la Memoria de la Cooperación Externa 1990-1996, publicada por el Ministro Erwin Krüger en diciembre de 1996.
Sin embargo, jamás se nos ocurrió tomar algo de esa ayuda para hacer una carretera pavimentada de 22 kilómetros para ir a la hacienda del presidente, ni para fuentes bailarinas, palacios presidenciales, terrazas en Pochomil, ni para asignarse megasalarios ni dietas escandalosas.
El gobierno en que yo serví tenía otro mandato. Su misión y su obligación era la de encauzar el país por la senda de una auténtica revolución democrática y reconstruir una nación cuya columna vertebral había sido quebrada por la guerra civil, el exilio, la represión y el retroceso económico más salvaje de nuestra historia. A ese gobierno le tocó poner los cimientos fundamentales para que después pudiera venir el progreso.
En el Banco Central saben muy bien que en 1990 Nicaragua era el desastre macroeconómico más grande y complejo del mundo moderno. Así se lo dijeron a doña Violeta economistas cuyo prestigio el Dr. Ramírez no se atrevería ni a empañar con su mirada. En 1997, por el contrario, la mesa estaba servida. No había más que mantener el rumbo. Lo más duro que le ha tocado al Dr. Ramírez es tratar de justificar los desmanes de su presidente y ocultar la crisis que se nos viene encima.
Pública invitación le hago al Dr. Ramírez para que se dedique a su trabajo, a hacer algo por la economía de este país, por los cafetaleros del Norte, por los transportistas, por los miles que aún buscan empleo y por los que quieren emigrar. No hace sentido que un presidente de Banco Central, que debe ser tan ecuánime y apolítico como el Jefe del Ejército y seguir su ejemplo, se dedique a contestar artículos intentando defender lo indefendible. En todo caso, si desea seguir manipulando las cifras, se seguirá enredando. Se lo garantizo nuevamente.
* Ex ministro de la Presidencia en 1990-1995.