Apóstoles de la niñez

Alejandro Ayón*[email protected]

Con este artículo quisiera hacer un emotivo y justo homenaje a 5 compañeros de trabajo: la enfermera Justina Reyes, la auxiliar de enfermería Elizabeth Valladares, el Dr. Armando Gómez, el Dr. René Acevedo y el Dr. Donald Osorno, que han fallecido durante los últimos 5 años que he trabajado en el Hospital Infantil mal llamado La Mascota. Murieron de distintas formas y en diferentes épocas; pero todos dejando huellas imborrables en nuestros recuerdos.

No voy a hablar de cada uno de ellos en forma individual aunque haya mencionado sus nombres, por no tener espacio para ello; pero quiero más bien escribir sobre la labor en conjunto que desarrollaron en sus diferentes niveles, como auxiliar de enfermería, enfermera graduada, médicos especialistas y Jefe de Servicio que eran. Independiente de la posición que ocuparon dentro del hospital, en el área donde se encontraran laborando cada uno de ellos se caracterizó por dar lo mejor de sí mismo con un solo afán, contribuir positivamente a la salud de la niñez que se les encomendó, y servir de consuelo y compañía a aquellos niños que por su enfermedad iban a fallecer.

La muerte nos acompaña cada día, pero pocas veces estamos preparados para morir, hay dos aspectos principales en que uno debe prepararse, el más importante es el espiritual, estar bien con Dios cualquiera que sea la fe que uno profese y el otro que en nuestro sistema de salud se hace imposible, es estar preparado en lo económico y que más bien tiene que ver con los familiares que dejan.

Justina y Elizabeth eran responsables absolutas de sus hogares, familias humildes que tuvieron que buscar la ayuda caritativa de los compañeros de trabajo para poder darles sepultura, y si sobró algo de dinero, ayuda para los primeros días, pues los trámites burocráticos para el pago de lo único que tiene derecho (aproximadamente C$7,000), toma 72 horas mínimo para entregarse a los deudos.

De los colegas médicos dos de ellos murieron por enfermedades crónicas y el otro falleció a los 48 años por un infarto del miocardio (ataque al corazón). A pesar de tener más de 20 años de laborar en el sistema de salud y algunos de ellos estar pensionados; el paupérrimo salario que se viene pagando desde 1980 no permite a ningún trabajador de la salud prepararse y dejar protegidas a sus familias.

Si bien es cierto que algunos médicos y enfermeras pueden mejorar sus ingresos con la práctica privada o haciendo turnos dobles, o trabajando en otro horarios en hospitales privados. En un país con un porcentaje de población en pobreza (Mapa de pobreza 1998, MECOVI, BM, FISE, SETEC) de 47.9 y con un porcentaje de población con necesidades básicas insatisfecha (Mapa de Pobreza. 1998 SAS) de 82.3, la población que busca accesos a servicios médicos o de enfermerías privados es mínima, la mayor parte de los médicos y enfermeras no tienen accesos al mercado de salud privada.

Sirva este homenaje para que los políticos, gobernantes y ciudadanía en general hagan una reflexión sobre los míseros salarios del personal que labora en las instituciones tanto de salud como de educación en Nicaragua; salarios que por sí solos no les permiten elevar su nivel de vida y de esa manera ofrecerle a sus hijos un futuro mejor.

Quiero finalizar recordando en nuestros corazones estos profesionales de la medicina que vivirán siempre en nuestros recuerdos y que dejaron su vida, sus sueños, esperanzas e ilusiones entre las paredes de nuestro Hospital Infantil.

* Médico cirujano pediatra.  

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