La Tierra y el Libro

Ayer se celebró en todo el mundo el Día de la Tierra, y hoy, 23 de abril, en todos los países de habla española se celebra el Día de Cervantes, que en Nicaragua adquiere la modalidad de Día del Libro.

La celebración mundial del Día de la Tierra fue establecida por la ONU en 1970, para crear conciencia de la fragilidad y el deterioro ambiental del planeta en que vivimos, y la necesidad de protegerlo por todos los medios éticos y lícitos que sean necesarios y posibles. El Día de Cervantes, por su parte, es celebrado en todos los países de cultura hispánica en homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), cuya obra maestra, “Don Quijote de La Mancha”, es considerada con toda razón, justicia y méritos como el libro que mejor representa la significación, perennidad y esplendor de la lengua española.

En realidad son complementarias las dos celebraciones, que por casualidad coinciden en el tiempo con la diferencia de apenas un día. La conservación de la Tierra es básicamente un problema de educación y cultura, mientras que la lengua y el libro son esenciales para la formación educativa y cultural, y por lo consiguiente, para concienciar a la gente sobre la necesidad de proteger las condiciones naturales y ambientales de nuestra residencia en la Tierra, para decirlo con una frase del poeta chileno Pablo Neruda.

Se estima que ayer en los 192 países (independientes) que hay ahora en el mundo, se celebró de alguna manera el Día de la Tierra, con la participación de unas 5 mil organizaciones sociales, gubernamentales, ecologistas y culturales. En Nicaragua, organizaciones y activistas del movimiento ambientalista promovieron la recolección de basura, distribuyeron paquetes de abonos orgánicos, limpiaron cauces, colocaron y distribuyeron propaganda y motivaron a la población con presentaciones festivas.

Muy bien hecho. Los nicaragüenses necesitamos imperiosamente cobrar conciencia de la problemática ecológica y dotarnos de una cultura ambientalista, porque el atraso, la dependencia y la pobreza del país son agravados y condicionados al mismo tiempo por el desastre de los ecosistemas (bosques arrasados; fuentes acuíferas agotadas; lagos, lagunas y ríos contaminados; manejo irresponsable de la basura doméstica y comercial y abuso de productos agroindustriales contaminantes, etc.).

Se trata, sin dudas, de un problema vital que sólo se puede enfrentar adecuadamente y resolver a partir de la creación de una conciencia ambientalista en las personas y en la población. Para lo cual es indispensable educar y culturizar por medio de —entre otros recursos— la lectura en general y el consumo de libros en particular.

El consumo de libros sigue siendo escaso en Nicaragua, por diversas causas, sobre todo porque los altos precios los hacen inalcanzables para la gran mayoría de los nicaragüenses y difíciles de adquirir para la minoría que tiene posibilidad de comprarlos. Los libros son de hecho productos o mercancías de lujo, de manera que en su mayoría las personas que visitan las librerías y se acercan a los estantes de libros en los supermercados, se limitan a hojearlos y se lamentan por la imposibilidad de adquirirlos.

El libro, tal como lo conocemos ahora, es un medio de cultura relativamente nuevo en relación con los tiempos históricos de la humanidad. El libro se comenzó a imprimir apenas hace un poco más de quinientos años, gracias al uso de la imprenta que inventó a mediados del siglo 15 —copiando la idea de las prensas de uvas para hacer el vino— el alemán Johannes Gutenberg (1394-1468). Y a estas alturas, a pesar de los vaticinios sombríos de que el lenguaje virtual o electrónico pondría fin a los libros tradicionales, la verdad es que cada vez hay más afición a su lectura. Lo que falta a la gente es dinero para comprarlos y tiempo para leerlos.

En todo caso, la vida humana en la Tierra es inconcebible sin los libros. La Tierra y el libro se necesitan la una al otro, porque sin educación y cultura la gente seguirá destruyendo las condiciones de vida en el planeta y sin libros no se puede fomentar la cultura ambientalista, que se necesita para asegurar la supervivencia de la humanidad.   

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí