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Parece no ser suficiente que organizaciones internacionales desconozcan los derechos humanos de los niños en el vientre de las madres. Las políticas de control natal también arrasan con los derechos humanos de la mujer.
La práctica común del aborto selectivo de niñas es apenas un ejemplo. De acuerdo a una investigación de el Centro de Desarrollo Humano, publicado por Reuters, demuestra que el uso de ultrasonidos y amniocentesis posibilita conocer el sexo del no nacido en las primeras semanas del embarazo, facilitando el aborto selectivo, y que en Bangladesh, Nepal, Sri Lanka, Bhutan y las Maldivas, han “desaparecido” unos 79 millones de mujeres por una discriminación contra la mujer que inicia desde antes de su nacimiento.
China, según “Los Angeles Times” del 14 de febrero, también practica la modalidad de abortos selectivos o muerte de recién nacidos, ejecutando de preferencia a las niñas ya que según las autoridades son menos productivas que los varones. Esta feroz práctica ha generado un lucrativo tráfico de mujeres jóvenes, pues según estudio llevado a cabo en 1995, los hombres de 20 a 44 años solteros sobrepasaban a las mujeres en proporción de 2 a 1. En el rango de edad entre 25 y 39 años, la proporción aumentaba de 4 a 1. En resumen, China tiene un excedente de 26 millones de hombres solteros entre 20 y 44 años.
Pero no es todo: en febrero recién pasado Amnistía Internacional denunció que “numerosos informes públicos desde China indican que las cuotas locales de natalidad por año son parte preeminente en la política, mantenidas por firmes penas…”. Las mujeres embarazadas “sin permiso oficial” pueden ser castigadas con multas y destituciones de sus trabajos. El informe añade que “los funcionarios siguen recurriendo a la violencia, la tortura y tratamiento para enfermos, incluyendo abortos bajo coacción física y esterilizaciones”, denunciando la existencia de centros de detención para mujeres embarazadas “sin permiso”.
Laura L. García, profesora de Filosofía de Boston College, en la revista “The World and I” sostiene que la planificación familiar en el mundo ha sido reforzada por una ideología que considera la fertilidad de las mujeres como una amenaza para sí mismas y para su autorrealización. Sin duda una ideología que tiende a dominar también el mundo académico y los medios de comunicación. Y que ha llevado a descuidar las necesidades de salud en los países del Tercer Mundo. La profesora García cita a Leonardo Casco, de Honduras, quien ha denunciado que “en nuestros hospitales y en nuestro sistema sanitario tenemos muchos problemas para conseguir medicinas básicas, tales como penicilina y antibióticos. Hay una terrible carencia de fármacos esenciales, pero se pueden ver las vitrinas llenas de condones, píldoras y dispositivos intrauterinos”.
Pregunto: ¿es posible que las organizaciones feministas radicales desconozcan esta amplia información que circula internacionalmente? ¿no tienen ningún valor los millones de niñas que son ejecutadas cada año por considerárseles “menos productivas” que los varones; o las mujeres que son obligadas a abortar bajo la amenaza de pérdida de trabajo, abusos y torturas?
50 millones de niños son asesinados cada año. Y la mujer también grita en el silencio.