La democracia puesta a prueba

Alvaro Lacayo Argü[email protected]

Escondido tras la máscara del olvido y de la soledad infinita de la selva Lacandona el subcomandante Marcos le confesó a García Márquez al igual que lo hiciera Fray Bartolomé hace más de quinientos años, la profunda desilusión acerca de la Condición Humana y la eterna quimera de la libertad.

El fraile en su momento, recomendó al monarca español quitar a los indios para poner a los negros en el trabajo infernal de las minas de oro antillanas; Marcos entrevistado recientemente por el Nobel de Literatura, declaró su decepción total con los movimientos de liberación del siglo XX que no pudieron trascender su discurso populista y el vergonzante enriquecimiento de unos cuantos en la cúpula, mientras los más de ellos dejaron su vida y sus ideales en el camino.

Las pruebas fehacientes de la falacia dialéctica de los movimientos armados de liberación se estrella en el rostro de los cuatro continentes: el Congo belga, Kabila, compañero del Che, incrustado en la mortal mafia del diamante y recientemente acribillado por su propia escolta; el opio de los Talibanes de Afganistán, donde la esperanza de vida al nacer no sobrepasa los cuarenta años; el feudo de la cocaína de Tirofijo en Colombia, el país más inseguro para la inversión de capital y el índice de vulnerabilidad social más alto del mundo en Nicaragua, como lo reflejan las elevadas tasas de drogadicción, alcoholismo y embarazo juvenil y la más alta del continente en violencia doméstica, según proyecciones de las Naciones Unidas.

Estas cifras de violencia y de privación social son más sensibles que las de longevidad y paridad del poder adquisitivo (PPA) para detectar fallas gravísimas y fundamentales en el desarrollo de una nación y aunque revelan el fracaso total de los programas oficiales de las últimas dos décadas ponen en carne viva las llagas de una sociedad moral y materialmente empobrecida.

Consecuencia directa de dicha debacle social, es el gravísimo hacinamiento del sistema centroamericano de prisiones, coyuntura en si misma generadora y generada por la violencia y la degradación, una población que se calcula en Centroamérica de unos cincuenta mil sentenciados en un hacinamiento mayor al 80% de su capacidad y en donde uno de cada tres reos responde a delitos relacionados en el uso o tráfico de drogas.

Por otra parte el desempleo y la desesperanza propician el éxodo masivo de más de un millón de nicaragüenses, que desde el exterior envían remesas por casi mil millones de dólares en lo que constituye el principal renglón económico del último cuarto de siglo. Se convierten así, el éxodo y el confinamiento masivo en el marcador más irrefutable del fracaso de la sociedad civil y sus gobiernos para inventarse un destino.

Queda así claramente establecida la necesidad urgente de la educación preventiva y la creación de empleos, en el marco de la reinvención de una nueva solidaridad social en que todos seamos protagonistas para combatir la corrupción agobiante y atajar la miseria y el hambre a través de la renovación del hombre. Sin duda, se antoja de inmediato pensar que la medida del desarrollo humano de un pueblo está dada por la voluntad política y el consenso para un proyecto nacional que permita superar las trabas del subdesarrollo en su aspecto mental y material.

Han sido suficientes los últimos diez años para poder auscultar los síntomas clínicos de una región centroamericana generalmente enferma y herida de muerte en el cruzar de flechas de la jungla de la globalización.

A Centroamérica sólo parecen quedarle dos opciones en la vertiginosa carrera de la globalización: la “Nomadización” o la “Lumpenización” de sus ciudadanos, ya sea que emigren en busca del dólar o se intoxiquen con alcohol y cocaína para olvidar las penas o alimentar ilusiones efímeras. La miseria limita el potencial humano para la libertad y coarta la desigualdad del individuo y se convierte en una amenaza inminente contra la consolidación del proceso democrático.

En la Cumbre de las Américas que inició ayer viernes en Quebec, los líderes americanos tendrán que revisar concienzudamente las agendas previas de Democracia y Educación en Miami´95 y Chile`98, respectivamente, y desarrollar una agenda nueva en que el protagonismo comercial y económico del área bajo el marco de lo que como prioridad será el Tratado de Libre Comercio debería ponernos a trabajar para salir bien parados y evitar retroceder por olvido, hambre o indiferencia. Al fin que vale la pena ensayar la democracia una vez más.  

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