- La Cumbre ayudará a destacar la importancia que los líderes de nuestro hemisferio le dan al incremento de la solidaridad y la integración de las Américas
Francisco X. Aguirre Sacasa
Durante el fin de semana del 20 al 22 de abril, los ojos del mundo estarán puestos en la Tercera Cumbre de las Américas que se celebrará en Quebec, Canadá. Los líderes de 34 naciones americanas, incluyendo al presidente estadounidense George W. Bush, se reunirán para dialogar acerca de cómo promover la democracia, el comercio regional y la prosperidad hemisférica y sobre cómo luchar contra el crimen internacional, incluyendo el tráfico de drogas ilícitas. Cuba es la única nación del hemisferio occidental que no ha sido invitada a la Cumbre, porque su gobierno es la última dictadura que queda en las Américas y la Cumbre ha sido limitada a países democráticos desde que se celebró por primera vez en Miami en 1995.
Miles de personas caerán sobre la encantadora capital de la provincia de Quebec para este acontecimiento. Muchos serán delegados a la Cumbre y periodistas dando cobertura a la reunión. Pero otros miles buscarán cómo interrumpir el encuentro y protestar temas que son anatema para la izquierda radical y los anarquistas, como lo son la globalización, el libre comercio y el capitalismo internacional.
Manifestaciones violentas como las que se esperan en Quebec se han convertido en parte integrante de reuniones internacionales en años recientes, y sin duda se acapararán los titulares noticieros. Sin embargo la verdadera importancia de la Cumbre de Quebec tiene que ver con otros temas.
Primero, la Cumbre ayudará a destacar la importancia que los líderes de nuestro hemisferio le dan al incremento de la solidaridad y la integración de las Américas. Uno de los mensajes principales que saldrá de Quebec es que ¡las Américas sí tienen importancia! También marcará la primera vez que el presidente Bush participa en un importante foro internacional y les brindará a la mayoría de los dirigentes latinoamericanos una primera oportunidad para dialogar con él y viceversa. Durante este proceso de evaluación mutua, se establecerá una química que sentará un tono para las relaciones entre los países del hemisferio durante los próximos años.
Segundo, los líderes de las Américas hablarán de una mayor integración de sus economías. Los Estados Unidos, el Canadá y México formaron a NAFTA a mediado de los años noventa, y la ampliación de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe se aprobó en el 2000. Pero aún ha resultado esquivo un pacto comercial a nivel hemisférico. La agenda de la Cumbre contempla la puesta en marcha de un Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) para el 2005. Este compromiso probablemente será confirmado en Quebec. Algunos países con fuertes tendencias proteccionistas podrán favorecer un camino más gradual hacia el ALCA. Otros, como las naciones centroamericanas que acogen con entusiasmo los desafíos de la globalización, buscarán lograr el ALCA de una manera más acelerada prefiriendo un tratado de libre comercio centroamericano con los Estados Unidos, en por ejemplo, el 2002 ó 2003 como un paso interino.
En cualquier caso, el libre comercio y la integración regional serán el enfoque principal de la Cumbre, y por buenas razones. Una integración económica más estrecha beneficiaría a todas las partes involucradas. Aunque el ALCA significará turbulencia para algunas industrias anacrónicas e ineficientes tanto al sur como al norte del Río Bravo, también ofrece una perspectiva más brillante para todas las Américas. Esto, a la vez, se traduciría en una mayor estabilidad hemisférica, disminuiría las desigualdades económicas entre nuestros países y resultaría en menos migración ilegal. También significa que el auge de exportaciones estadounidenses a Latinoamérica aumentaría aún más. En el 2000, éstas alcanzaron los US$170 mil millones —sobrepasando las exportaciones norteamericanas a la Unión Europea— y ayudaron a crear más de medio millón de trabajos.
Tercero, la importancia de fortalecer la democracia en el hemisferio será abordada en Quebec. Más precisamente, los líderes americanos discutirán la adopción de una “cláusula en pro de la democracia” que limitaría la participación en el proceso de la Cumbre y sus frutos —incluyendo la participación en ALCA— a los países democráticos. Esta es una iniciativa audaz y controversial. Por ejemplo, no solamente impediría a que Cuba se uniese al “club de la Cumbre” hasta que completara de forma exitosa su transición hacia la democracia, sino que también castigaría a países actualmente democráticos que fueran a recaer en la dictadura.
Algunos países posiblemente se opondrán a la “cláusula en pro de la democracia” por considerarla injerencista. Pero yo considero que la cláusula es un reconocimiento franco que la democratización no es —como lo han sugerido varios casos recientes— irreversible. Más bien, es un proceso frágil que requiere de la participación de todos para preservarla.
Nicaragua ha vivido dictaduras tanto de derecha como de izquierda y su pueblo ha pagado un alto precio por éstas. Tomando esto en cuenta y debido a que mi gobierno considera la cláusula como una herramienta útil en la consolidación de la democracia, Nicaragua endosará esta cláusula siempre y cuando sea cuidadosamente redactada. Es más, apoyará su aceptación por las otras naciones de la Cumbre.
* El autor es el Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua. Este artículo fue publicado ayer en el diario The Washington Times.