La ilusión de una tercera vía para derrotar a los pactistas sigue latente en la conciencia de los nicaragüenses.
El pueblo no olvida la tragedia de los años 80 ni perdona la corrupción y el nepotismo del gobierno actual.
El “no” de doña Violeta no es el fin de las esperanzas de un futuro mejor. La no aceptación de doña Violeta tiene plena justificación porque ya cumplió una misión histórica y por la dualidad de los dirigentes verdes, acostumbrados a disfrutar de posiciones políticas otorgadas por los gobiernos de turno.
La imagen del Dr. Vidaurre, derrotado en las elecciones de 1996, ciertamente no es garantía de victoria, pero no se trata de elegir a un hombre sino de derrotar al pacto oprobioso por medio de una alianza democrática responsable de un programa de gobierno de salvación nacional.
El pueblo necesita la oportunidad de una opción política para quitarse las cadenas que atan su destino desde julio de 1979.
En 1996 pretendió su liberación, pero el PLC traicionó sus aspiraciones con el pacto. En noviembre del 2001 es el reto para recuperar el terreno perdido y ver libre a Nicaragua de dictaduras y corrupción.
Fernando A. Malespín Ferreti.