Inesperadamente, la lluvia se dejó caer sobre Managua.

Tiembla y llueve en plena Semana Santa

Naturaleza estuvo extraña en los días santos José Adán [email protected] La naturaleza no se quedó de vacaciones en Semana Santa y se manifestó de dos maneras distintas en los días santos, precisamente el jueves. Ese día hubo temblor y lluvias prematuras. El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER), a través de la Red Sísmica Nacional […]

  • Naturaleza estuvo extraña en los días santos

José Adán [email protected]

La naturaleza no se quedó de vacaciones en Semana Santa y se manifestó de dos maneras distintas en los días santos, precisamente el jueves. Ese día hubo temblor y lluvias prematuras.

El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER), a través de la Red Sísmica Nacional y de Departamento de Sismología, reportó que un fuerte sismo con magnitud 5.7 grados en la escala Richter, azotó las costas del Pacífico nicaragüense en momentos en que miles de veraneantes disfrutaban de las saladas aguas océanas.

El temblor, que no provocó daños ni causó víctimas mortales, se sintió a las 2 y 25 minutos de la tarde del jueves 12 de abril. Su epicentro fue localizado a los 12.15 grados latitud norte, y 86.85 grados longitud oeste, a 65 kilómetros de Managua, propiamente frente a las costas de Puerto Sandino.

El sismo tuvo una profundidad de 95 kilómetros y se trató, según la explicación técnica de INETER, de un evento relacionado con los procesos tectónicos del choque entre las placas de Coco y Caribe.

Aunque el sismo se sintió en todo el Pacífico nicaragüense, no hubo mayores daños que el susto de algunos bañistas que al sentir el movimiento telúrico, salieron rápido del mar ante el temor de un maremoto como el de 1992.

LLUVIA SORPRESA

Pero la Madre Naturaleza no sólo hizo temblar la tierra, también la remojó con un pequeño aguacero que cayó en algunos sectores de Managua entre las cinco y media y seis de la tarde de ese jueves.

El día había estado soleado y con temperaturas entre los 34 y 36 grados centígrados, cuando de pronto, nubes negras cargadas de agua oscurecieron la tarde, mientras rápidas ráfagas de aire levantaban tolvaneras.

En cosa de minutos, una lluvia amarga remojó por espacio de media hora algunos sectores de la capital.

La lluvia agarró desprevenidos a muchos transeúntes que, de pronto, y en pleno verano, vieron cómo se les venía encima el pequeño aguacero que, aunque no fue intenso, sí duró lo suficiente como para remojar a quienes salieron a las calles luciendo sus mejoras ropas.  

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