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Al margen de cualquier alianza política que hayan tejido algunos partidos en las playas durante la Semana Santa, los candidatos que competirán en noviembre por la Presidencia de Nicaragua tienen que buscar respuestas creíbles para tres problemas que, sobremanera, preocupan a los nicaragüenses.
En primer lugar la falta de empleo, seguida por la corrupción en el gobierno y el costo alto de la vida. Son las tres preocupaciones más importantes de los nicaragüenses, de acuerdo a la encuesta de Cid-Gallup a finales del mes pasado.
Podríamos decir que los candidatos presidenciales tienen pocos insumos para sus discursos, porque sus promesas se han gastado y los intereses de la población están mejor definidos. Suponemos por tanto que los electores estarán más pendientes de ofrecimientos concretos que de la retórica política. La campaña electoral de cualquier político tiene que enfocarse en la lucha contra la corrupción, porque este problema se ha expandido y creado nuevas dificultades que afectan de forma directa a la población, como deficiencias en servicios básicos y en infraestructuras costosas.
Hemos recibido información, por ejemplo, de que algunos puentes construidos con ayuda externa tras el desastre que dejó el huracán Mitch (octubre 1998), podrían ser demolidos porque fueron hechos con materiales de mala calidad, a pesar que se invirtió mucho dinero en ellos, lo que parece ser consecuencia de la corrupción gubernamental.
El ofrecimiento de más empleo, que depende del crecimiento de la inversión local y extranjera, también es afectado por la percepción de corrupción que tiene la población, porque ésta refleja que hay riesgos para los negocios, por competencia desleal o inseguridad jurídica.
Pero un candidato que prometa castigar la corrupción y esté dispuesto a cumplir, podría tener aceptación entre los electores, los que ahora deciden su voto más por intereses comunitarios que por fidelidad ideológica. El gran problema en ese sentido es que los ciudadanos creen menos en los líderes políticos y en cambio valoran mucho las denuncias o revelaciones que hacen los medios de comunicación social.
Una contradicción del gobierno actual, presidido por Arnoldo Alemán, es que ha hablado mucho de combatir la pobreza pero a la vez ha sido tolerante con la corrupción, a pesar que este problema impide mejorar las condiciones de vida de la gente más pobre. Por eso es dudoso el éxito de una estrategia contra la pobreza que no incluye planes de austeridad y controles para erradicar la corrupción.
Los economistas también aseguran que la pobreza sólo se erradica con el empleo permanente y no con el temporal, indicándonos que los programas de construcciones rápidas, como adoquinado de calles, sólo son paliativos para la población con pobreza crítica. Pero más nicaragüenses podrían tener ingresos estables, si crecen las inversiones productivas, si el país reduce los gastos suntuarios y el gobierno tapa las fugas de dinero del Estado.