Martha Danelia [email protected]
Un informe de Dani Rodrik, investigador de la Universidad de Harvad, publicado en la revista de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), señala que existen tres factores que promueven la inseguridad económica en la región.
Primero, el trauma de los años ochenta, comparando el autor la profunda recesión que experimentó la mayoría de los países de la región durante la llamada “década perdida” con la Gran Depresión que afectó a Estados Unidos durante los años 30.
“En América Latina, el resultado final… fue una serie de reformas que debilitaron las instituciones de seguro social. La tasa de crecimiento fue insuficiente, el empleo se tornó menos estable y las redes de seguridad proporcionadas por el sector público disminuyeron”, señala Rodrik.
En segundo lugar, el informe indica que al entrar América Latina en los años noventa, se encontró en un mundo de gran volatilidad macroeconómica impulsada, o al menos magnificada, por capitales erráticos.
“La difusión de los mercados financieros internacionales y la acogida entusiasta que les dio la región dejaron a la política macroeconómica dependiente (y a menudo rehén) de los caprichos de los inversionistas de corto plazo. Instrumentos clave como la política fiscal y el tipo de cambio fueron sobrepasados por la necesidad de gestionar flujos de capital. La política macroeconómica se divorció cada vez más de la economía real, lo que exacerbó la volatilidad de los resultados económicos”, agrega.
Como tercer punto, indica que hasta ahora las instituciones sociales y políticas no han sensibilizado adecuadamente el clamor por una mayor seguridad económica. “Los Estados han eludido, más que asumido, las nuevas responsabilidades que exige la gestión del riesgo en sociedades orientadas al mercado. Pero el problema trasciende los gobiernos. Los sistemas políticos en su conjunto no han creado mecanismos viables de participación: los parlamentos nacionales se han fragmentado y no son representativos, y los partidos políticos son débiles. Los sindicatos no han sido capaces de desarrollar una estrategia adecuada y global para encarar la inseguridad en el empleo y han perdido afiliados”, expresa.
COMPONENTES DE LA INSEGURIDAD
Dani Rodrik aclara que “el temor a la reducción drástica del ingreso asociada a la pérdida del empleo y el desempleo es un componente de la inseguridad económica. Otro componente es la mera volatilidad de los ingresos de los hogares, que se incrementó notoriamente en los años noventa en todos los países salvo Chile”.