- Música, comida, bebidas, caballos y mucha vida en las cálidas playas de este populoso balneario
José Adán Silva [email protected]
A menos de 70 kilómetros del centro de una Managua que parece hervir por el calor, se encuentran las bellas y populares playas de Pochomil, esperando, como cada año, a que los veraneantes lleguen por unos días a olvidarse de los problemas cotidianos para sumergirse en sus frescas aguas.
En estos días, Pochomil cobra vida. La música viene de todas partes. Hay gente moviéndose por todos lados y la actividad comercial del lugar llega a niveles del Mercado Oriental: se oferta de todo.
Así, es común ver niños vendiendo cebiches de mariscos en vasos descartables a diez córdobas. Algunos, más ingeniosos, usan bicicletas para recorrer las playas y ofertar, a grito partido, cócteles “Viagra”. El valor de 25 córdobas por un pequeño vaso plástico lleno del “Viagra nica” es, como antítesis del efecto de esta medicina, un suficiente aliciente como bajar el apetito.
Es común, en estos días, ver en Pochomil y demás playas del Pacífico, caballos de todo pelo galopando por la arena. El alquiler de los equinos se ha convertido en una fuente de ingresos para los habitantes del sector, quienes a cambio de 10 córdobas, ofrecen a los turistas la posibilidad de recorrer la playa a lomo de caballo “cholenco”. Y dada la cantidad de bestias que se ven galopando, es de creer que alquilar caballos es un buen negocio.
Y mientras unos toman en los bares, nadan o montan a caballo, otros se dedican a tomar fotos instantáneas, algunos a descansar en hamacas y otros, anestesiados por los excesos del licor, a ignorar lo que pasa a su alrededor y a recibir indiscriminadamente los efectos del sol.
Hay suficientes policías en el lugar y las ofertas de los bares varían. Es más, esta vez se ve que los dueños de restaurantes y bares han contratado a gente para que espere a los clientes en las paradas, y las jalan, casi con fuerza, para el lugar donde ellos trabajan. “Venga campeón, que aquí los atendemos mejor. Ahí al otro lado la mujer vende comida es hedionda, aquí no. Venga, pase maestro”, dice uno.
A diferencia de otros años, esta vez las playas parecen un poco más limpias. Verdaderos escuadrones de recoge basuras recorren Pochomil y con una vara puntiaguda, como cazando, recogen cualquier desperdicio y lo echan en bolsas plásticas. Visten camisas verdes, ganan 20 córdobas al día y la necesidad, más que el turismo, los tiene ahí.