Frank Arana Icaza
Si alguna seña debemos atender los nicaragüenses, es la que emana del corazón de nuestro pueblo.
Si analizamos las inquietudes expresadas en las encuestas, en lo que se oye en las radios y los programas de opinión de televisión, a la gran mayoría en todos los estratos sociales y económicos del país, lo que les preocupa es la falta de confianza.
Este es un mal endémico. Lo padecen los empresarios, los llamados empleadores y empleados, que según sus propias expresiones, tienen que mantenerse en una permanente actividad de innovación y defensa para poder resistir las propias dificultades del país, así como las de la competencia y los retos de la globalización.
Sin confianza no hay inversión. Sin inversión no hay desarrollo ni el trabajo que nuestro pueblo, justamente reclama.
La confianza descansa en la libertad individual, la libre iniciativa, el respeto al estado de derecho, a la empresa y propiedad privada. Bases del bienestar individual y colectivo. En la década de los 80 se desvirtuó la confianza nacional y llevó a nuestro país a retroceder cincuenta años.
Para alcanzar la confianza que Nicaragua necesita, debemos estimular la imaginación y el espíritu creador de nuestros ciudadanos. Ellos deben ser capaces de encontrar las mejores soluciones a los problemas que plantean nuestras actuales limitaciones y los desafíos de un mundo cada vez más integrado.
El gobierno juega un rol fundamental en el logro de la confianza nacional. Debe ser pequeño, transparente, funcional y eficiente, ser un facilitador, nunca competidor. Se debe simplificar y agilizar la administración pública, reducir los trámites que hoy agobian al ciudadano.
El gobierno debe desarrollar su acción dentro de un marco de austeridad y transparencia. El funcionario público debe ser ejemplo de capacidad, probidad, honestidad y disposición al sacrificio como servidor público.
La empresa privada, creadora de la riqueza, no es simplemente la más importante fuente tributaria. Debe ser el socio fundamental del desarrollo y la prosperidad, el motor que genera las fuentes de empleo y el bienestar.
Hay que sacar a nuestros jóvenes de la desesperanza. Nicaragua es un país de jóvenes y el futuro debemos construirlo para ellos. Sin embargo, tienen horizontes limitados por la falta de oportunidades, de educación, por las pandillas, las drogas, la violencia familiar, entre otras.
Impulsar el desarrollo económico social, capaz de generar el trabajo y las oportunidades que nuestros jóvenes requieren. Modernizar y adecuar la educación a las exigencias del desarrollo. Fomentar la creatividad, la competencia sana y el deporte, son prioridades nacionales.
No puede haber una sociedad recta y transparente, si se carece de un estado de derecho sólido y justo. Nuestras instituciones están llenas de imperfecciones resultado de acciones políticas meramente prebendarias. El país requiere una profunda revisión de sus instituciones y sus leyes.
Debemos cambiar. Practicar una nueva cultura, la de la convivencia, la confianza solidaria y el respeto al derecho ajeno.
Es con una Nicaragua confiable que se logrará atraer al inversionista nacional y extranjero, para que genere las fuentes de trabajo que aseguren para todos el bienestar permanente.
Debemos establecer reglas claras, programas viables, inversiones seguras, para que exista la confianza en todos los sectores productivos del país y se logre la creación masiva del empleo. Buscar cómo dar saltos cualitativos y cuantitativos, promoviendo y apoyando una nueva visión, impulsando proyectos como la inversión en la energía, la explotación petrolera, y la construcción del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua.
Tenemos derecho a soñar con una Nicaragua moderna, capaz de proyectarse en el conglomerado de las naciones, por nuestro esfuerzo, por nuestro trabajo, por nuestros éxitos.
Estas ideas las he escuchado en la voz de don Enrique Bolaños, en algunas de sus intervenciones públicas. Son las de un hombre moderno, que sabe interpretar los deseos del corazón del pueblo y lo más importante, tiene las cualidades y capacidades para hacerlas realidad.
Este próximo noviembre, en las elecciones, tendremos la oportunidad de depositar nuestros sueños, nuestra visión, en los hombros de quien gobernará en los próximos años. El país no está en condición de asumir riesgos, un candidato que en el pasado ya demostró su desprecio por la iniciativa y la propiedad privada, su desconocimiento de los más elementales derechos del individuo, es la negación de la confianza.
Debemos estar atentos a rechazar el engaño y eliminar la dispersión del voto. Sólo así lograremos la digna Nicaragua que soñamos.
* Dirigente conservador, de Alcón.