Emilio Montes [email protected]
Entiendo que las encuestas son instrumentos de medición del comportamiento de determinado fenómeno social y tienen una base científica, no son perfectas pero sí tienen su razón de ser y son usadas en todo el mundo como un instrumento auxiliar del método científico.
En Nicaragua, con motivo de las elecciones de noviembre próximo y para medir cómo va la cosa, encuestan van, encuestan vienen. Los primeros resultados ya salieron a luz pública y son preocupantes para los que no comulgamos con las ideas de izquierda ni mucho menos.
No se puede subestimar los resultados ni restarle valor a las encuestas. No existe contendiente más idiota e iluso que el que subestima al contrario por pequeño que éste sea. Las elecciones municipales de noviembre pasado debieron haber dado una lección a los dirigentes liberales, debieron aprender que no las traen todas consigo, que las cosas han cambiado, que hay desgaste político, desprestigio, mala imagen, hay frustración de las bases, no se ha cumplido con los pobres de este pueblo que son el mar de votantes y que al final deciden quién se va y quién se queda.
El voto de derecha va peligrosamente dividido, nadie en la acera roja habla con pies de plomo sobre un tema seguramente decisivo y obligatorio en esta campaña como es la honestidad, la transparencia y la extinción definitiva de ese lastre llamado corrupción, la teoría de que el nicaragüense va a escoger entre el bien y el mal ya no basta a como están las cosas en el país. La estrategia de don Enrique de ganar 2 a 1 las elecciones al sandinismo, en este momento quién sabe con qué ojos la mirara.
Algunos dirigentes se contentan anulándoles valor a los resultados de las encuestas, otros las minimizan, sólo los más sensatos dicen que apenas estamos comenzando. Pero esto también es consuelo, un partido en el poder debería estar punteando y con amplio margen por encima de los contrarios. Nadie es eterno en el poder, todavía recuerdo el discurso de los sandinistas que decían que primero se secarían los mares antes que irse del poder, y los vimos llorar cuando perdieron. Estamos a seis meses, falta poco, vamos a ver qué nos toca esta vez, si celebrar una victoria o ver a otros llorones perdedores.
Hay que poner la barba en remojo señores.
* El autor de este artículo es médico y cirujano general.