La globalización es uno de esos temas que actualmente generan más controversias y disputas en el mundo entero. Como todo tema controversial cuenta con enérgicos detractores y con apasionados defensores. Los primeros la acusan de estar causando estragos en los países pobres, mientras que los segundos alegan que es beneficiosa y necesaria para el progreso de los países en vías de desarrollo.
La globalización tiene que ver con los cambios tecnológicos y con la rápida movilización de capitales a través del mundo, y es la que hace posible que el comercio se expanda y que las economías de los distintos países sean cada vez más dependientes unas de otras. La impresionante y dinámica evolución en el ámbito de las comunicaciones ha contribuido grandemente a formar la “aldea global” que hoy en día es el mundo moderno.
Uno de los principales defensores de la globalización es Alan Greenspan, Presidente del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED). Desde ese cargo Greenspan ha hecho muchísimo para crear un clima de confianza que ha resultado en un dinamismo empresarial sin paralelo en la historia de ese país. Los frutos de ese dinamismo han sido muchos años consecutivos de una estabilidad y un progreso económico que ha beneficiado a los Estados Unidos y al mundo entero. El es el funcionario gubernamental que inspira la confianza que necesitan los mercados financieros para operar eficientemente, y por esa razón ha sido reelecto por cuarta vez para continuar al frente del poderoso FED.
Recientemente, Greenspan participó en unas audiencias que el Senado organizó para debatir sobre lo que debe ser la política de comercio exterior de los Estados Unidos. Con su característica claridad y franqueza dijo que “el mejor paso que podrían dar los países industrializados para aliviar el terrible problema de la pobreza en muchas naciones en desarrollo sería la apertura unilateral de los mercados a las importaciones”. En otras palabras, Greenspan aboga porque se amplíen y se fortalezcan el comercio internacional y la economía de libre mercado.
Mientras que en la reunión que sostuvo la Organización Mundial del Comercio el año pasado en Seattle, y más recientemente en la reunión anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Santiago de Chile, se vieron manifestaciones callejeras de pequeños grupos que se oponen violentamente a la globalización, pero que no proponen nada a cambio. Greenspan abogó por una mayor apertura de las economías de los países industrializados.
“El comercio libre beneficia tanto a los ricos como a las naciones en desarrollo”, dijo ante el Comité de Finanzas del Senado. Qué diferente manera de pensar con la de aquellos que consideran que el libre comercio es un juego de suma cero en el que los únicos beneficiados son los países ricos. Y refiriéndose a los países en vías de desarrollo dijo: “Esos países necesitan más globalización, no menos” añadiendo que “sería una tragedia que se revirtiera o se detuviera ese proceso”.
Greenspan está consciente de que los avances tecnológicos y la globalización causan sufrimiento en algunas industrias que dejan de ser competitivas, pero que la solución no es el proteccionismo. Hizo ver que la propensión proteccionista a impedir que los capitales fluyan de las tecnologías anticuadas a las más productivas, es imprudente, y en todo caso conduce a su propio fracaso. “La historia nos enseña que no sólo es imprudente el intento de impedir la innovación, sino que no es posible sostenerlo a largo plazo”, añadiendo que “una generación tras otra han experimentado episodios en los cuales aquellos a quienes la tecnología tornó obsoletos trataron de socavar el progreso, [pero que] en última instancia continuaron los avances”.
Ojalá que los países industrializados —y el Presidente Bush que asistirá próximamente a la Cumbre de las Américas en Quebec, Canadá— pongan atención a lo recomendado por Greenspan, y que los nicaragüenses tomemos sus recomendaciones muy en serio para no caer en la tentación proteccionista que promueven e impulsan aquellos que se resisten al cambio y a la innovación. La globalización está en el mundo para quedarse. Nicaragua necesita darse cuenta de ello y esforzarse para ser más productiva y competitiva.