Mario Alfaro Alvarado*
Las personas de más edad recuerdan lo que sucedió en mayo de 1947 y los jóvenes deben haberlo escuchado de labios de sus mayores: Diez años después que Somoza le había arrebatado la candidatura presidencial, en 1937, al Dr. Leonardo Argüello, ante la imposibilidad de reelegirse, lo colocó en la silla presidencial. Presionado por la opinión pública impaciente, el Presidente Argüello provocó a la fiera en su propio cubil.
La oficialidad joven de la Guardia Nacional, con algunas excepciones, y altos oficiales leoneses leales al Presidente, llegaron a un estado cuasiinsurreccional. Pretendían civiles y militares que el Comandante General, según la Constitución, destituyera a Somoza; pero Somoza era el General y destituyó a Argüello después de 25 días de haberlo hecho elegir.
¡Los tiempos han cambiado! Pero el poder sigue siendo el poder. La lección de ayer sirve hoy para tomar las cosas con calma, manejar la situación política sin precipitaciones y dejar que los acontecimientos sigan su curso normal. El destino histórico de estos momentos está trazado con bastante exactitud. ¿Para qué tratar de acelerar las cosas? Hay que dejar que todo siga su propio desarrollo dialéctico.
Es cierto que Arnoldo Alemán no cuenta con la Guardia Nacional, pero cuenta con el Consejo Supremo Electoral y con el Partido Liberal Constitucionalista. No pudo reformar la Constitución para reelegirse, pero ha arreglado las cosas para volver a la Presidencia ajustado a la Constitución.
Sabe Alemán que el PLC necesita un reciclaje. La corrupción lo ha dañado profundamente pero no lo ha despojado del poder que conserva bajo su caudillaje. Sabe que un ciudadano probo, reconocido por muchos, puede lograr el tránsito democrático de un gobierno liberal a otro gobierno liberal. Sabe, porque así lo ha dispuesto, que conservará el control del Poder Legislativo, cuyos próximos diputados ha “escogido a mano”. Y sabe que con un candidato como Bolaños podrá el liberalismo obtener una real mayoría en el Parlamento. El dos a uno en la Asamblea Nacional no es un sueño, es un buen eslogan electoral.
Sabe también Alemán que don Enrique escogerá el gabinete, pero necesitará de la Asamblea Nacional para poder gobernar. Alemán y Bolaños tienen que caminar de acuerdo para que la democracia no se desplome y el totalitarismo se aproveche.
Bolaños tiene su programa de gobierno y lo dará a conocer cuando oficialmente se inicie la campaña electoral. Tal vez en su programa no hay nada extraordinario ni traumático. Pero al socaire del nuevo gobierno, con la participación y apoyo de una opinión pública que ha aprendido a reclamar sus derechos y que, además, ha aprendido a desarrollar sus propias iniciativas, el programa político de don Enrique podrá ir modelando el futuro inmediato de Nicaragua.
Don Enrique no es hombre de dos caras, es recto y sincero. Si tiene sus reservas sabrá despejarlas sin decisiones precipitadas. Antes de ganar las elecciones debe evitar enfrentamientos y esperar su momento. En el curso de la nueva administración, será el propio Partido Liberal el que buscará cauces hacia una administración democrática y transparente. Si Alemán necesita de la corrupción para reelegirse, será él y no Bolaños el que enfrentará a un Partido Liberal remozado y en vías de democratizarse. ¿No es eso lo que quieren los verdaderos liberales?
Deben los apresurados desechar la idea de la confrontación antes de las elecciones, porque después ya no habrá necesidad de confrontar nada. Alemán tendrá lo suyo y deberá cuidarlo, si se opone a los cambios que se esperan y que vendrán de modo ineludible, puede provocar un arramble capaz de arrollarlo a él también. Le convendrá permanecer quieto con su curul regalada y con los subalternos que en las filas liberales del Parlamento, no hayan perdido la costumbre de decirle “sí señor”.
Se ofrece una oportunidad histórica que la sociedad civil debe aprovechar. No obtendrá nada si se refugia en la indecisión mientras transcurren los acontecimientos. Los partidos políticos por sí solos son incapaces de dar soluciones a los problemas nacionales; por lo cual hace falta el concurso de la sociedad civil para abrir espacios de cooperación, en una lucha cada vez más empecinada para satisfacer las necesidades populares. El voto no es sólo para elegir, es también para participar.
* El autor es periodista.