La crisis del agua

En varios departamentos del país, principalmente Matagalpa, Boaco, Chontales, Jinotega, Nueva Segovia, Madriz, Carazo y Managua la población sufre actualmente una desesperante escasez de agua. En algunos lugares, como Matagalpa y Boaco, el problema es antiguo y crónico, pero en esta época seca del año se agrava todavía más porque se reduce el caudal de los ríos y algunos de éstos inclusive se agotan por completo.

No es para consuelo de quienes padecen por falta de agua pero es bueno saber que esta crisis tiene magnitud universal. Algunos datos al respecto señalan que de los 6 mil millones de personas que componen la población mundial al comenzar el siglo 21, más de 1.000 millones carecen de abastecimiento de agua potable. Más de 2.000 millones de personas viven en países que padecen problemas más o menos graves con el agua. Cinco millones se enferman cada año por causas relacionadas con la falta del agua. La contaminación es el principal depredador de agua dulce y por eso se reducen cada vez más las existencias mundiales del llamado -con toda razón- líquido vital. Por culpa de la contaminación uno de cada dos de los grandes ríos y lagos que hay en la Tierra se encuentran al borde de la muerte, en tanto que la mitad de las zonas húmedas del mundo han desaparecido y muchas más están en peligro de extinción, entre ellas, aunque no cuenten para las estadísticas mundiales, los humedales de Corn Island en Nicaragua.

En realidad, a pesar que nuestro planeta está constituido por sólo una cuarta parte de tierra y tres cuartas parte de agua, sólo el 2% de ésta es dulce y apta para el consumo humano. Pero eso no quiere decir que la Naturaleza ha condenado a la humanidad a extinguirse por causa de sed. Según los científicos, el agua se renueva mediante procesos que los seres humanos pueden aprovechar si actúan de manera inteligente. A pesar que el 98% del agua que hay en la Tierra es salada, al evaporarse ésta por el calor del sol y condensarse en las nubes que luego se descargan en forma de lluvias, el agua renovada -y ahora dulce- se acumula en los glaciares, recarga los acuíferos subterráneos, hace brotar los manantiales, origina los ríos, alimenta los lagos y finalmente vuelve al mar. De manera que cada año se mueven unos 40.000 kilómetros cúbicos de agua que equivalen, cada uno, a un billón de litros, o sea una cantidad suficiente para abastecer a todos los seres vivientes del planeta, incluidos los humanos.

En realidad, si hay crisis de agua es porque se abusa de ella (sólo por el derroche, en Managua se consume por persona más del doble del promedio mundial, según datos oficiales), porque se le contamina irresponsablemente y porque no se invierten los recursos necesarios para garantizar su adecuado suministro para el consumo humano.

Es muy difícil, entonces, por no decir imposible, que se pueda cumplir el compromiso del Foro Mundial del Agua (marzo de 2000, La Haya, Holanda), de que “todo el mundo, esté donde esté, debería disponer de abastecimiento de agua de calidad suficiente a un coste que pueda pagar”. Eso sólo sería posible si la población que tiene acceso al agua no sigue malgastándola, si los gobiernos dejan de despilfarrar los recursos económicos en corrupción y en propósitos innecesarios y negativos y los invirtieran en garantizar el suministro de agua potable a todo el mundo, comenzando con las poblaciones que no la tienen del todo.

Por ejemplo, con los 60 millones de córdobas que se gastan anualmente en las jugosas dietas que perciben los altos funcionarios gubernamentales de Nicaragua por reunirse en juntas directivas de instituciones autónomas y empresas públicas, se podría solucionar el problema del agua en la ciudad de Boaco. Y con los millones de dólares que se han perdido en el hoyo negro de la corrupción, inclusive los que se han destinado a costear las quiebras bancarias fraudulentas, ya se hubiese resuelto la crisis del agua en todo el país. No cabe la menor duda de esto.  

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