Tito Rondó[email protected]
Que el béisbol nicaragüense a nivel de Primera División está enfermo, es obvio. Es más, siempre lo ha estado, con la excepción gloriosa de la Liga Profesional, donde personas de integridad y prestigio como José Antonio Estrada Cabrera y Roberto “El Chele” Chávez no se dejaron nunca amedrentar ni por el poder ni por los “reales”.
El resto del tiempo siempre ha habido directivos que quieren ganar de manera fácil, a punta de billetazos (método tradicional y hasta empleado en Grandes Ligas) y hasta influenciando las reglas y lo peor, a como dicen algunos (y me guardo esas fuentes) comprando juegos, jueces, managers y peloteros. Algo que afortunadamente no ha sucedido las suficientes veces como para afectar excesivamente la historia de nuestro deporte.
Desde hace algunos años Carlos García está con deseos de montar una estructura estable y financieramente sana para el béisbol, en la que nadie influencie la liga a punta de billetes o conexiones con gente poderosa dentro o fuera del gobierno.
La solución era sencilla: límites en los salarios. Así nadie podía robarse un pelotero ofreciéndole más dinero, ya que el jugador ganaría lo mismo en todas partes. Al mandar sueldos asequibles a los bolsillos de la mayoría de los equipos, se evitaba que les fuera mal económicamente.
Por supuesto, casi nadie hizo caso. Los equipos con dinero empezaron a pagar “debajo de la mesa”, o disfrazando los salarios. No había manera de eliminar los trabucos.
Aprovechando que hasta los directivos con dinero están escandalizados de lo mucho que cuesta el béisbol, Carlos ha tomado medidas drásticas.
Para jugar en Primera División hay que clasificar primero, a través del Béisbol Especial. Puesto que las reglas de este torneo son diferentes del de Primera División, esto es un absurdo (las nóminas que se ganen el puesto tendrán que ser cambiadas en gran parte para la liga grande).
Es como si se jugara naipe para decidir quién va a Primera División. Esa falta de lógica aparentemente es típica nicaragüense; en el fútbol tienen reglas parecidas; la Segunda División de nuestro balompié se debiera llamar, en realidad, “División Extraña”…
También se ha prohibido a los extranjeros. Por un lado es una tragedia; cuando empezaron a venir los importados en 1996 aprendimos a jugar béisbol del fuerte en Nicaragua. De no meterle las manos en la mayoría de los partidos a los amateur de Estados Unidos pasamos a ser superiores. Por otro lado, nuestros directivos nunca aprendieron a contratar extranjeros, a menudo botaban el dinero.
Así que veremos un Béisbol Especial inferior al de otros años, una Primera División muy inferior a la de años recientes, y una Selección Nacional que dará lástima.
Parece que para curar un uñero se amputará una pierna. O tal vez Carlos tenga razón y solamente medidas drásticas salvarán nuestra pelota…