Niños callejeros

Los niños callejeros se parecen a esos gorriones sucios y grasientos que se refugian temporalmente en rincones de estructuras públicas, donde encuentran cierto sustento (los semáforos en nuestro caso). Son curiosos pero ariscos; aceptan unos granos de trigo pero a distancia; son desconfiados, joviales, burlescos, agresivos, solidarios, malhablados, despreocupados, inocentes y la mayoría tiene buen […]

Los niños callejeros se parecen a esos gorriones sucios y grasientos que se refugian temporalmente en rincones de estructuras públicas, donde encuentran cierto sustento (los semáforos en nuestro caso).

Son curiosos pero ariscos; aceptan unos granos de trigo pero a distancia; son desconfiados, joviales, burlescos, agresivos, solidarios, malhablados, despreocupados, inocentes y la mayoría tiene buen corazón.

Yo he conocido a algunos. A veces me pregunto qué fue de estos polluelos, como “El Chele” de Granada. Lo recuerdo. Cuando niño era un gordito pecoso de cachetes rosados y saludable que cantaba “salsa” y que caía en gracia a la gente.

También recuerdo a Víctor Hugo: “cuando estos pobres seres son ya hombres, casi siempre la rueda del orden social los encuentra y los tritura; pero mientras son muchachos se escapan porque son pequeños. El menor agujero los salva”.

He visto recientemente a varios, nunca más a otros. “El Chele” está muerto. Murió consumido, más que por hambre y pega, por desprecio. Los “huelepega” están enviciados de libertad no de pega, de la misma libertad que los fulmina. No se les puede quitar, como ya se ha visto; no lo soportan, huyen siempre.

Es interesante pensar si el acto de nobleza está en darles el pesito o en negárselos. Como ya lo sugirió una señora hace días en esta misma sección. Pero la opinión de negar o no el pesito no es lo importante, como sí el haber pensado en una forma de ayudarlos apropiadamente.

En la historia siempre han rondado estos pilluelos conocidos en nuestros días como los Niños de los Semáforos o simplemente los huelepega.

¿Qué podemos hacer por ellos? No sé. Pero al menos, al pensarlo, ya estamos haciendo algo por nosotros mismos.

Metaxas Campos D.
Costado sur de Catedral Granada
0552-4095  

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