El predicador católico laico Salvador Gómez dictó una charla la semana pasada en un hotel capitalino, a la que asistieron políticos y miembros de la empresa privada, mayoritariamente. Su exposición giró en torno a la paz cristiana, y reflexionó a profundidad sobre varias acciones de inspiración evangélica que ayudan a construirla y preservarla. En un momento de su intervención, el afamado predicador hizo una observación que muy seguramente sorprendió a más de alguno de los presentes. Refiriéndose a Nicaragua dijo lo siguiente: “Quizás ustedes por vivir aquí no se han dado cuenta, pero éste es uno de los países más seguros de América Latina”.
Lo que dijo Salvador Gómez es una gran verdad que habla muy bien de nuestro país y de nuestra gente. Porque Nicaragua es, en efecto, un país con un grado de violencia relativamente bajo en comparación con la mayoría de las naciones latinoamericanas. Conviene enfatizar el término relativo para no exagerar los hechos y para ponerlos en la perspectiva correcta. La violencia —al igual que la riqueza o la pobreza— es algo relativo, y sólo puede medirse cuando se le compara con el grado de violencia existente en otras partes. Y Nicaragua sale muy bien parada cuando es objeto de ese tipo de comparaciones.
Afirmaciones como las anteriores —aunque veraces y comprobables— puede que no convenzan ni satisfagan a aquellos que aquí han sufrido en carne propia algún acto de violencia, y eso sería perfectamente comprensible. Todo acto de violencia, por pequeño y aislado que sea, afecta en primer lugar a la víctima que lo sufre, pero hiere también profundamente la psique de la sociedad entera, y debe, por consiguiente, ser repudiado y sancionado. Por eso es que aunque la violencia sea relativamente menor en Nicaragua, en relación a la que existe en otras naciones, ello no debe servir como excusa para que las autoridades correspondientes no redoblen esfuerzos para impedir que crezca o para procurar su reducción.
Aún así, la opinión vertida por Salvador Gómez debe ser motivo de orgullo para los nicaragüenses. Hay que tomar en cuenta que esa opinión viene de alguien que conoce muy bien toda Centroamérica y muchos otros países latinoamericanos, y que ha sufrido el azote de la violencia en su propia familia. Hace dos meses, un hijo suyo de apenas diecisiete años de edad, perdió un ojo cuando unos individuos le dispararon en la cabeza al salir de un restaurante en compañía de su novia en la capital de un país del área centroamericana.
Hay algo especial, y posiblemente inexplicable, que hace que el nicaragüense sea menos violento que los nacionales de otros países. Y resulta tanto más inexplicable cuando se toma en cuenta que nuestra tierra en el pasado ha sido escenario de múltiples conflagraciones políticas que por lo general han desembocado en cruentas guerras fratricidas. A pesar de eso, tenemos la fortuna de ser un pueblo que no es vengativo ni rencoroso. Ciertamente, unas virtudes muy valiosas y encomiables.
Pero también conviene que la observación favorable que el predicador tiene de Nicaragua nos sirva para tomar conciencia de que tenemos a nuestro favor un factor muy valioso que puede ayudarnos en nuestro desarrollo económico y social, y muy concretamente en la promoción y el desarrollo del turismo, que es uno de los campos en el que contamos con mayor potencial de crecimiento. Ese factor, aunado al espíritu amistoso y acogedor del nicaragüense, y a las muchas bellezas con las que nos dotó la naturaleza, nos está señalando un camino que debemos saber transitar para beneficio de nuestra patria.
Le corresponde al Estado complementar lo que ya tenemos con un ambiente favorable a los negocios, incluyendo una reducción de los trámites burocráticos, un trato más afable y menos discriminador a los posibles inversionistas, una reforma a fondo del Poder Judicial que brinde mayor confianza y, por supuesto, una promoción más dinámica y efectiva de Nicaragua como destino de inversiones turísticas. Sería una pena que porque el Gobierno no cumpliera con la parte que le corresponde, el país perdiera tantos factores a su favor como los señalados arriba.