Sociedad Civil

Hernán Estrada*

La primera conclusión de la última cita de Madrid, en la que participaron el Gobierno y la denominada “Sociedad Civil”, es que existe un problema de discurso en el cual no se sabe quién dice la verdad. No obstante, en el caso de nuestros representantes de la “Sociedad Civil” hay que decir que el cáncer no se cura con aspirina y que también en este campo debe encararse el factor de una “Sociedad Civil” descentralizada. En las obras de los antiguos filósofos griegos, se asociaba la “Sociedad Civil” al Estado y otros como Paine y Hegel, definían la “Sociedad Civil” como “un órgano cercano al Estado pero no totalmente disperso de él”. En ambos casos se enfatizaba que las personas que se asociaban, lo hacían por intereses y propósitos comunes. En Europa y Estados Unidos la “Sociedad Civil” es una fuerza motriz autosuficiente, independiente, autogestora y democrática.

En el caso de Nicaragua pareciera que el tema de la “Sociedad Civil” está ligado a “ciertas ONG” que en algunos casos temerariamente se atreven a autodesignarse “representantes” de toda nuestra sociedad (civil) y hasta representarnos en foros nacionales e internacionales en nombre de la “Sociedad Civil”. ¿Quién ha elegido a estas personas representantes nuestros?, ¿qué convocatorias han hecho para asumir las posiciones que abanderan?, ¿quién les emanó tal investidura?

Vengo observando cómo erróneamente algunos de estos Organismos No Gubernamentales (ONG) han venido asociándose al término de “Sociedad Civil”. A mi entender, este último tiene una extensión muy amplia, es decir incluyen a ONG, pero también a diversas asociaciones y organismos ajenos al Estado, de diferentes sectores sociales (congregaciones religiosas, profesionales, cámaras de comercio, comunidades étnicas, consumidores, etc.), por no decir también a partidos políticos. Ciertamente los Organismos No Gubernamentales suelen ser la expresión de algunos de ellos, pero no representan a toda la sociedad, porque en nuestra realidad, muchas de ellas lo que han desarrollado es una capacidad de retórica fabulosa, una exigua capacidad técnica y una excesiva dependencia externa. La sola existencia de unas 1,750 registradas ante el Ministerio de Gobernación las hace corredoras de una feroz competencia, por lo que sólo las “diseñadoras de políticas” y proyectos a medida y gusto de los financiadores externos son las que las hace entrar en escena, muchas veces desafortunada, como la de la última que “nos representó” en la reciente reunión del Grupo Consultivo que tuvo lugar en Madrid.

Es positivo que los Organismos No Gubernamentales influyan en las decisiones políticas ejerciendo presión sobre las autoridades y poniendo la opinión de expertos a disposición de los responsables gubernamentales. Pero es negativo que formas inapropiadas de representación centralizada, de selección de cúpulas, impongan un discurso que no es objetivo ni bueno para el país. Se impone como primer paso, establecer mecanismos más amplios de selección de los representantes de nuestra “Sociedad Civil” a estos foros y que los gobiernos contribuyan a esto. Es erróneo pensar que en las ONG y, algunas de estas expresadas en “iniciativas”, están los buenos y al otro lado los malos. Evitar la autocomplacencia y lograr mayor participación de los sectores diversos procurando que se tomen en serio los intereses de los ciudadanos y los sectores que representan, es una misión pendiente. La “Sociedad Civil” puede, y debe desafiar al Estado, ser elemento crítico y oponerse a veces a él, pero el Estado y la “Sociedad Civil” se necesitan mutuamente para poder prosperar.

* El autor es abogado.  

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