- El “dedazo” fue el primer cañonazo en el casco del barco
Xiomara Chamorro [email protected]
El “dedazo” y el desprestigio de algunos funcionarios públicos señalados de corrupción, son parte de las razones que Eduardo Urcuyo, ex jefe de la campaña electoral de los liberales en Managua, expone como posibles factores que ocasionaron la derrota del PLC en las elecciones municipales del 2000.
La “operación limpieza” de funcionarios señalados de corrupción y la adopción de mecanismos democráticos para la selección de los candidatos a diputados, prevista para junio, podrían ser algunas de las acciones que el PLC está emprendiendo para intentar salvar el barco electoral en las difíciles aguas que navegarán en las elecciones del cuatro de noviembre próximo.
El tres de agosto del 2000, tres meses antes de las elecciones municipales, los liberales sabían que iban a perder las elecciones en Managua. De acuerdo al análisis del equipo de campaña del PLC en ese departamento, encabezado por Eduardo Urcuyo, los votos sandinistas en Managua habían demostrado ser mayoritarios en 1996, aunque divididos entre Herty Lewites y Carlos Guadamuz. Bajo esas circunstancias, estaban convencidos que ni Pedro Solórzano hubiera podido ganar Managua frente a Lewites, porque el aglutinamiento del voto sandinista superaba en más de diez puntos a cualquier otro rival.
“Ese día llegamos a la conclusión de que no ganaríamos la elección, a menos que sucediera un imponderable”, comenta Urcuyo en una entrevista con LA PRENSA.
Urcuyo, que actualmente forma parte del equipo de campaña del candidato liberal Enrique Bolaños y su fórmula José Rizo, admite que la factura política de la derrota se le pasó al líder del PLC, Presidente Arnoldo Alemán, el que de todas maneras resultó ileso en su liderazgo por la deuda histórica que los liberales tienen con quien consideran “el hacedor” del PLC.
No obstante, Urcuyo enfatiza que si los “dedazos” no se superan, el partido podría perder nuevamente las elecciones en noviembre próximo.
¿Por qué perdió el PLC las elecciones municipales?
“En primer lugar hay que tomar en cuenta la forma en que se seleccionó al candidato y el entorno en que estaba envuelto el partido como partido de gobierno. Yo creo que la selección del candidato tuvo mucho que ver porque cuando un candidato no es producto de una elección interna del partido y es producto de una designación por las razones que sean, pues este candidato siempre lleva una desventaja y la prueba es que inmediatamente después a la designación del candidato de Managua, nosotros sufrimos como partido una resistencia interna que fue el primer golpe a la campaña, el primer cañonazo en el casco del barco, arrancando lo de Eddy Gómez, y fue un remar contra la corriente a partir de ese momento, primero para consolidar al candidato hacia adentro del partido y después para venderlo a la ciudad”.
¿Seleccionar a Gómez hubiera facilitado las cosas internamente? ¿era el candidato más genuino del partido?
“En esto hay diversidad de criterios. Obviamente Eddy Gómez no podía ser el candidato del partido. Era una persona familiar del Presidente Alemán, no tenía el apoyo total de todas las bases de Managua. Hay opiniones encontradas. Hay quienes piensan que el candidato ideal para la Alcaldía de Managua debió haber sido Alejandro Fiallos. Yo creo que es posible que Fiallos fuera un candidato más potable para Managua que Wilfredo Navarro en ese momento porque estaba más distanciado de la imagen del gobierno, menos vinculado, no es ministro, no es diputado, no había tenido posiciones de defensa hacia ciertas acciones del gobierno y por lo tanto Fiallos era más vendible políticamente, más mercadeable que el mismo Wilfredo. Pero sí, lo de Eddy nos afectó”.
¿Entonces el pecado original en la derrota de Navarro fue la forma en que se decidió su candidatura?
“¡Ah sí!. La forma en que se escogió al candidato sin un proceso interno creo que pudo haber sido correcta en ese momento para el partido, pero esa manera perjudicó su candidatura”.
¿Cuál fue esa manera? ¿fue un dedazo?
“Fue un consenso de la dirigencia del partido sin haber participado en el proceso de elección de las bases”.
¿Cuánto de ese consenso era la opinión del Presidente Alemán?
“Sería una locura considerar que la opinión del Presidente Alemán no pesa en cualquier decisión del partido. Este es un partido que él lo hizo de cero, él fue poniendo piedra por piedra en el PLC y por lo tanto el partido es el reflejo de la personalidad de Arnoldo Alemán y de su actuar. Hay gente que piensa que nuestro partido debería reaccionar de diferente manera, pero la realidad es que todavía nosotros estamos vinculados al que fabricó esta máquina política, que fue Arnoldo Alemán”.
¿Pero justamente no son esas las características que en un determinado momento se vuelven contra el partido que él mismo hizo, porque él sustituye mecanismos democráticos?
“Sí, eso es correcto. Muchas veces los caudillos, los líderes, tienen influencias durante muchísimos años en la creación de los partidos. Muchas veces la misma injerencia de los dirigentes se vuelve obstáculo en el proceso democrático de los partidos, no sólo en nuestro partido, en todas las instituciones políticas, pero en el caso de Wilfredo esa fue la primera zancadilla que recibió. Además que esa fue una candidatura que Wilfredo no se esperaba, él estaba jugando para otra cosa como él mismo ha dicho, fue una candidatura que él tampoco asumió hasta muy tarde en la campaña, porque en principio no quería serlo, él quería ser presidente de este país”.
Eso fue en Managua, ¿pero qué pasó en el resto del país? ¿se multiplicó el dedazo?
Nosotros nos planteamos dentro del partido dos líneas bien definidas. Unos planteaban la elección en función de conseguir un millón de votos, sin importar de dónde los obtuvieron y en ese contexto Managua aportaba sólo cien mil, entonces aparecía como irrelevante ganar o no ganar Managua porque lo que importaba era el volumen de voto a nivel nacional. Otros pensábamos que la victoria de Managua era vital para nosotros, que no importaba perder el resto del país, pero Managua era el símbolo de la elección. Mi percepción es que prevaleció la idea de obtener el caudal de votos para demostrar que éramos una fuerza política a nivel nacional”.
Pero el caudal de votos no era lo único decisivo.
“Creo que nosotros debimos haber peleado Managua hasta la muerte”.
El punto es que eso se les reprodujo en 12 cabeceras departamentales.
“Lo de Managua no se reprodujo en todos los municipios, en los municipios donde se reprodujo perdimos, en los municipios donde fue electo el candidato por el proceso de selección de las directivas nuestras, ganamos. Pero yo también siento que en ese momento el partido estaba enfrentando ataques furibundos al gobierno, la persona que estaba dirigiendo la campaña a nivel nacional tenía su propia problemática (Edgard Quintana) y eso limita el liderazgo. No se puede conducir un trabajo de esa naturaleza si no tenés capacidad de liderazgo y esas limitaciones de la misma jefatura de campaña, afectó tremendamente y obviamente yo siento que tomamos bastante a la ligera el asunto electoral. Yo escucho a los mismos liberales echarle la culpa a los comandos electorales del Frente Sandinista, pero el Frente Sandinista hizo lo que cualquier institución política debe hacer, que es defender su voto. A nosotros nos faltó hacer ese trabajo, a lo mejor los sandinistas tomaron más en serio las elecciones, con más mística, entonces no nos quejemos de los comandos, eso es cuento y los sandinistas lo van a volver a hacer con todo el derecho, y si nosotros lo podemos hacer, lo vamos a hacer también”.
¿Qué queda de experiencia?
“Esa experiencia le sirvió al partido para hacer cambios esenciales en la selección del candidato presidencial; en el CEN del partido para hacer una limpieza del partido que era lo que estaban pidiendo las bases y la ciudadanía y nosotros tomamos ese mensaje de los votantes de que había que hacer transformaciones en el partido y los resultados están a la vista. Es decir, separación de funcionarios o de miembros del partido que hayan estado bajo acusaciones de corrupción o de malos manejos y se cumplió con ese objetivo. Si no tomamos las lecciones que nos dejaron las elecciones municipales, el partido va al fracaso. Es difícil imponer un candidato, no se ganan elecciones así”.
¿De quién es la factura del dedazo dentro del partido? ¿hacia dónde voltean las miradas a la hora de la derrota?
“Tengo que ser honesto, y las miradas, como en toda institución política, se voltean hacia el líder del partido”.
¿Cuánto afecta esto al Presidente Alemán?
“El liderazgo del Presidente Alemán dentro del partido es tremendamente sólido”.
¿Le perdonan ésta?
“Sí. El hizo esta institución política, él fue el artífice de que muchos otros liberales de diferentes tendencias llegáramos al PLC, fue tejiendo el partido”.
¿Es decir, que este error del dedazo queda corto frente a los aportes que él ha hecho al partido?
“Definitivamente, a la hora del balance, Arnoldo Alemán, con toda su problemática como gobernante o todas las cosas negativas, no cabe duda que ha sido un factor vital en la vida política de este país, un hombre con una carrera meteórica jamás vista, que fue capaz de crear un partido y llevarlo al poder. Como presidente podrá tener cuestionamientos o aciertos, pero como líder del partido y como forjador de una institución política que va a perdurar, es incuestionable su aporte”.
Noticias relacionadas:
Wilfredo Navarro: “Me boicotearon el trabajo”
Felipe Noguera*: “Candidatos PLC fueron pararrayos del descontento popular”