“El tiempo es oro”

Anakarla Cantarero Malespin* El tiempo es un recurso no renovable, y aunque la administración del tiempo es hoy uno de los temas claves del mundo laboral, tendríamos que preguntarnos si todos los seres humanos tenemos el mismo tiempo, ¿por qué algunos logran más que la mayoría? Bien lo revelan estas palabras: “Aquel que prepara las […]

Anakarla Cantarero Malespin*

El tiempo es un recurso no renovable, y aunque la administración del tiempo es hoy uno de los temas claves del mundo laboral, tendríamos que preguntarnos si todos los seres humanos tenemos el mismo tiempo, ¿por qué algunos logran más que la mayoría? Bien lo revelan estas palabras: “Aquel que prepara las cosas que tiene que hacer durante el día, y luego se atiene a ese plan, lleva consigo el hilo que lo guiará a través del laberinto de una vida ocupada. Pero ahí donde no se traza plan alguno, donde la disposición del tiempo se deja exclusivamente en manos del azar, no tarda en reinar el caos”.

Decía un renombrado profesor a un grupo de pasantes de la Escuela de Arquitectura: ustedes son 200 egresados de una distinguida universidad, una de las mejores del país, piensen, solamente unos cuantos van a destacar en su profesión, la mayoría se quedará en el anonimato y en la mediocridad, pero la razón no se fundamenta en la buena o en la mala suerte. Todos tuvieron la misma preparación, los mismos profesores, las mismas oportunidades, entonces; ¿por qué unos cuántos triunfan y la mayoría no lo logra? La diferencia está precisamente en aquéllos que invirtieron su tiempo y no lo malgastaron.

“El tiempo es oro”, es por lo tanto, un refrán poco preciso. Si bien el tiempo es la dimensión en la que se crea o se utiliza el dinero, es mucho más: es la propia vida. El tiempo no se puede comprar ni con todo el oro del mundo. Y no sólo en el terreno laboral. No se puede comprar el tiempo para estar con la familia, o los amigos, o para cultivarse internamente. El tiempo es algo más que dinero, porque sea cual sea su fortuna personal, no podrá comprar un minuto más del tiempo que tengo yo, o del que tiene usted. Requiere de un esfuerzo de inversión si deseo lograr una mejor calidad de vida.

Desde el punto de vista empresarial el nombre del juego es velocidad, quien aprenda más rápido podrá sobrevivir, la alta competitividad que la apertura comercial ha provocado nos obliga a realizar grandes inversiones en conocimientos, pues solamente las mentes preparadas podrán aprovechar las oportunidades; son tiempos de aprender y le tenemos que dar prioridad si deseamos permanecer en el mercado; y en forma similar en lo personal: ¿cómo evolucionar sin educación? La garantía de que nos mantengamos permanentemente en crecimiento es el aprendizaje, la mejor herencia que le puede legar un padre a un hijo es la educación, el pasaporte para su bienestar y bien ser, la más importante herencia que le puede legar un padre a su nación es un hijo que haya evolucionado y represente una herencia social de incalculable valor, un ser con principios y verdades fundamentales, que garantice ser un contribuyente para forjar una sociedad superior.

El auténtico empresario tiene a su alcance la gran oportunidad de trascender a través de sus trabajadores, no solamente brindándoles una fuente de riqueza material, sino a través de la educación con un contenido de valores que trascienda en sus familias y de ahí a todas las generaciones. El paradigma es: si deseo una mayor rentabilidad o ganancia en cualquier aspecto de mi vida hoy debo invertir y el recurso más valioso que poseemos todos los seres humanos es el tiempo.

La fuerza del conocimiento es la fuerza del tercer milenio y debemos convertir nuestras organizaciones en comunidades de aprendizaje y sumergirnos en una dinámica de mejora continua. Son tiempos de invertir en nuestras empresas, en nosotros mismos, nos debemos dar la oportunidad todos los nicaragüenses de ser cada día mejores.

Si calculamos que nuestra longevidad promedio es de 72 años lo que equivale a 26,880 días, analicemos brevemente la aplicación de nuestro tiempo: si de los cuales dormimos un promedio de 7 horas diarias; nos la pasamos en el mundo de Morfeo 7,665 días, lo cual equivale a soñar casi el 30% de nuestra existencia; compartiendo la mesa, en desayuno, almuerzo y cena con un promedio de 2 horas diarias consumimos 2,190 días, es el 8% de toda nuestra vida, los traslados en la ciudad nos consumen el 8%; descansando los fines de semana otro 19%; si trabajamos 8 horas diarias de lunes a viernes, y nuestra vida productiva se inicia a los 18 años y consideramos que podemos mantener ese ritmo hasta los 65 años, el porcentaje de nuestro trabajo en relación a toda nuestra existencia es de solamente el 15% y hay tantos que se quejan porque piensan que han trabajado o trabajan demasiado.

Treinta por ciento durmiendo, 19% descansando, 8% comiendo, 8% trasladándonos, 15% trabajando y 20% aplicaciones variables. Si además tomamos en cuenta la estadística norteamericana de 51.0 horas a la semana viendo televisión podemos llegar a la conclusión que la vida nos la gastamos sin tener conciencia de nuestro breve existir.

Todos tenemos la misma cantidad cada día, y sólo algunos sabemos sacarle verdadero partido. El tiempo no se puede ganar, pero sí se puede perder: lo que debemos aspirar es a emplearlo mejor.

Este es un principio muy importante: no podemos gestionar el tiempo, lo único que podemos hacer es gestionarnos a nosotros mismos en relación al reloj; es decir, organizarnos inteligentemente.

Para ello debemos comenzar por comprender dos puntos importantes: 1. El tiempo es el único bien real que tenemos y 2. El tiempo no es algo vago, general, es el ahora, es el presente, es hoy, porque el ayer es un cheque sin fondos, el mañana es un pagaré, pero el hoy es el efectivo que debemos aprovechar.

* Directora General Instituto de la Excelencia de Nicaragua.  

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