Josefina Vannini
Cada quien es libre de fabricar sus verdades y creer las propias mentiras, siempre y cuando, esta práctica no le distorsione totalmente la percepción de la realidad. Digo esto a propósito de la gran maraña tejida por algunos alrededor de la candidatura de doña Violeta.
Al margen de todas las conjeturas, elucubraciones, rumores, acusaciones, especulaciones y demás, provenientes de diferentes actores, la señora dijo que NO porque tiene una claridad meridiana de su papel e imagen como estadista en la historia política del país. Desde el inicio manifestó no creer en reelecciones, agregando que el trabajo como Presidenta de esta nación había sido ya desempeñado durante los seis años y meses que duró su período presidencial además de que estaba convencida que era justo y necesario dar paso a las nuevas generaciones.
Ante la dignidad de semejante posición sería torpe pensar que en algún momento consideró la posibilidad de volver a participar como candidata en una contienda electoral.
Doña Violeta dio una lección. Cualquiera, después de las encuestas que la ubican muy por encima de todos, se hubiera ido de boca aceptando una nueva postulación. Tenía que ser una mujer la que diera el ejemplo de valentía, de sensatez y sobre todo una muestra de gran visión de nación.
Quienes saben leer entre líneas se habrán dado cuenta que en todas sus declaraciones a los medios de comunicación la gran prioridad nunca fue su candidatura sino la formación de una alianza, bajo la casilla del Partido Conservador, capaz de reunir a todas las agrupaciones injustamente excluidas por el pacto libero-sandinista y que al mismo tiempo pudiese ser una opción para quienes no tienen por quien votar o para aquellos que no quieren dejarse afectar por el síndrome del rebaño.
Me causa gracia cuando todavía escucho gente que escudándose detrás de doña Violeta afirman que se malgastó la oportunidad para la formación de una alianza amplia. ¡Mentira! La posibilidad de una alianza que represente una tercera fuerza está allí -lista y abierta- para quienes tengan la voluntad de entrar por esa puerta y para lo cual se ha hecho un llamado universal a la participación.
No se puede asegurar que esta alianza vaya a ganar la presidencia u obtener los suficientes votos como para conformar una buena bancada en la Asamblea Nacional. Esto lo sabremos solamente en el transcurso de la campaña y a través de las encuestas. Sin embargo, es injusto descartar de entrada un proyecto que ha hecho renacer la esperanza en la población porque da la posibilidad real de elegir a alguien que no ha sido impuesto.
Una de las cosas que me da tristeza de muchos de mis compatriotas es la facilidad con la cual se les mojan los pantalones ante la posibilidad de un triunfo sandinista pero al mismo tiempo no dan muestras de hacer un mínimo esfuerzo para tratar de buscar otra opción que no sea la de la casilla que fortaleció a los rojinegros. Creo que nos hemos vuelto derrotistas y haraganes buscando siempre las soluciones que representan la vía más fácil aunque esto implique la sumisión y el entierro de los propios ideales.
Es importante entender el momento por el cual atraviesa el país y pensar en la posibilidad de que una tercera fuerza, en el peor de los casos, podría ser el factor de equilibrio en la Asamblea Nacional, lugar donde los carteles políticos en el poder (PLC y FSLN) tienen las intenciones de trasladar el campo de batalla para la medición de fuerzas, así como para la negociación de componendas y desde allí gobernar.
Entonces, seamos realistas. Las cosas no necesariamente tienen que salir como uno las planea, pero si el producto es compatible con los propios valores y principios es de sabios deponer las ambiciones y deseos, integrándose al esfuerzo y apoyando lo que se piensa será mejor para el país.
Quienes verdaderamente rechacen seguir siendo atropellados por el arnoldismo o por el orteguismo, tienen que darle un voto de confianza a esta alianza amplia, sacrificando el protagonismo y dando muestras de un liderazgo maduro y generoso en pro de la salvación de nuestra amenazada democracia.