¿Puede ganar DonEnrique?

Jorge [email protected]

Después de que George Bush padre fuera Vicepresidente de los Estados Unidos en dos gobiernos consecutivos de Ronald Reagan en la década del ochenta, se presentó como candidato a la Presidencia de la República por el Partido Republicano en las elecciones de 1988. Era tal el grado de aceptación y de simpatía que tenía Reagan entre la mayoría del electorado estadounidense, que lo único que Bush tuvo que hacer para asegurar su triunfo fue presentarse como el sucesor de Ronald Reagan. Nada más. No tuvo que proponerle algo nuevo a los electores, sino todo lo contrario. Lo que hizo fue asegurarles que su presidencia sería una continuación de la de Ronald Reagan, y con eso tuvo más que suficiente para ganar holgadamente las elecciones.

En Nicaragua, por el contrario, el caso es totalmente diferente. Don Enrique Bolaños, quien fuera Vicepresidente de la República en el gobierno de Arnoldo Alemán, no puede hacer lo que hizo George Bush padre, si es que de verdad desea ganar las elecciones en noviembre de este año. Si Don Enrique le dijera a los electores -como lo hizo Bush- que en caso de ser favorecido con su voto, él haría una presidencia similar a la de Arnoldo Alemán, podría desde ya decirle adiós a la Presidencia de la República, porque hay que estar claros de una cosa: la imagen de Don Arnoldo no le ayuda a Don Enrique; antes bien, le perjudica. Las encuestas de opinión son claras en demostrar que el Presidente Alemán tiene una imagen neta desfavorable ante la población.

Nadie pone en duda que Don Enrique Bolaños es un hombre honrado, trabajador y austero, cualidades que son deseables en un presidente. El origen de su capital es limpio e incuestionable. No se enriqueció en la Vicepresidencia. Su trayectoria de lucha por la libertad y la democracia en Nicaragua es un hecho histórico de fácil comprobación. Esas credenciales, sin duda alguna, le favorecen en su intento por ganar la Presidencia. Podría incluso decirse que son condiciones necesarias para alcanzarla, más no suficientes. Hay algo fundamental que hace falta: Don Enrique Bolaños tiene que convencer al pueblo nicaragüense que él no es una “ficha” del Presidente Alemán, y que su gobierno será muy diferente al actual en lo que a corrupción y transparencia se refiere.

¿Qué es entonces lo que tiene que hacer para lograr eso? En primer lugar debe ser él mismo. Eso significa que tiene que tomar posiciones claras y firmes con respecto al tema de la corrupción. Y si la toma de posiciones claras y firmes hacen que Arnoldo Alemán se distancie de él, pues tanto mejor para él como para su candidatura. Don Enrique tiene que saber que después de haber sido electo por la mayoría de los convencionales liberales como el candidato oficial del PLC, y sobre todo, después de que Doña Violeta Barrios de Chamorro declinara una candidatura en la casilla verde, él tiene la oportunidad de convertirse en el candidato de todos aquellos que quieren que en el país haya empleo y trabajo en un ambiente de libertad y de democracia. Sin embargo, estoy seguro que la gente está convencida de que esos trabajos a los que justamente aspiran, sólo serán posibles si hay un gobierno honesto y transparente que no ahuyente la inversión nacional y extranjera.

Se equivocan aquellos que piensan que para que Don Enrique pueda ganar las elecciones tiene que ser muy cauteloso en lo que dice y hace para no irritar y molestar al Presidente Alemán. El ya es el candidato oficial del PLC, y las probabilidades de ser sustituido son mínimas, y posiblemente nulas. Lo que tiene que hacer ahora es convertirse en el candidato del voto democrático, o sea, de todos aquellos que aspiran a trabajar y progresar en un ambiente de libertad y de democracia. Tiene que encender una luz de esperanza en el corazón de los nicaragüenses; tiene que convencer que si llega a la Presidencia de la República no será “ficha” de nadie, y que sus acciones y la de sus subalternos serán limpias y transparentes para que pueda haber inversión y empleo.

Don Enrique tiene todas las credenciales necesarias para ponerse a la altura que las circunstancias exigen. Sólo tiene que decidirse a aceptar el reto. Lo que no le está permitido -en ausencia de un deseo de suicidarse políticamente- es tratar de escalar el Momotombo con un sobrepeso de trescientas cincuenta libras encima. La decisión es enteramente suya.

El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la Universidad Thomas More.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí