Algunas personas nos han hecho saber su desacuerdo con que la columna editorial de LA PRENSA se ocupe de temas internacionales. Suficientes problemas hay en el país, dicen, como para tener que interesarnos con lo que ocurre afuera, lo cual a nadie le importa en Nicaragua.
Pero la verdad es que el acontecer internacional sí es importante para Nicaragua y debe interesarle a los nicaragüenses. Inclusive, nunca como ahora el país ha necesitado tanto desembarazarse de los complejos provincianos, los cuales junto con otras limitaciones culturales nos tienen en la deplorable situación en que nos encontramos.
Decir que el mundo está cada vez más globalizado no es repetir una frase de moda, sino reconocer una innegable realidad. No sólo ahora sino que siempre, las naciones que se encerraron en sí mismas se sumieron en el atraso, la impotencia y la falta de libertad, mientras que aquellas que tuvieron visión internacional y se abrieron al mundo, pudieron ser libres, se desarrollaron y prosperaron. Y si así fue en el pasado con mucha mayor razón lo es ahora que la comunicación, el comercio y la cultura multinacional han derribado y siguen derribando toda clase de barreras y de fronteras.
Dicen los expertos que la globalización es una nueva forma de vida en la que cada nación está sometida a influencias mutuas e interactivas, a escala mundial. Que lo que ocurre en un país repercute inevitablemente, de una u otra manera, en todos los demás países. Que ninguna nación puede vivir aislada de las demás y que los conflictos y padecimientos que aquejan a una parte del mundo, cualquiera que sea, repercuten en los demás ámbitos del planeta. Que la televisión por cable y satelital, y la red internacional (Internet), han puesto al alcance de cada persona, al instante, lo que ocurre en cualquier parte de la Tierra.
En realidad, sólo la persistencia del provincianismo explica que alguien se quiera aislar de la corriente de información sobre el acontecer internacional y no levantar la mirada de las cuitas domésticas.
Pero ésta es una actitud dañina, porque el país necesita atraer inversiones extranjeras y asimilar tecnología extranjera avanzada y para eso tiene que estar al tanto de lo que ocurre en el ámbito exterior. Se tiene que conocer cómo anda el mundo y qué hacen los demás países para vencer la pobreza y el subdesarrollo, a fin de mejorar el posicionamiento internacional de Nicaragua.
El conocimiento y dominio de la problemática internacional es también indispensable para que el país tenga la capacidad, por medio del gobierno, de crear y aplicar una política exterior inteligente y correcta, y para ganarse una respetable presencia política y diplomática ante la comunidad internacional, sobre todo ante los países vecinos.
El gobierno de Nicaragua está envuelto en demasiados conflictos externos de distinta índole. El país debe aprender a manejar mejor sus relaciones internacionales y su política de fronteras. En nuestra época la tendencia predominante en el mundo es la reducción de las fuerzas armadas que cuidan las zonas fronterizas, pero esto se compensa con el fortalecimiento de la política exterior, de la diplomacia, del dominio de la información y de la cultura internacional.
Siempre se ha dicho que al gobierno de Nicaragua (al actual y a todos los gobiernos anteriores) le falta una adecuada, consistente y respetable política exterior, en primer lugar una política de fronteras. Por eso es que siempre hemos perdido las negociaciones en las cortes internacionales y por eso también los países vecinos se han expandido y fortalecido a expensas de Nicaragua. Pero ¿cómo va a tener Nicaragua una adecuada política internacional y de fronteras, si carecemos de cultura internacionalista, si los políticos se enfrascan —sin resolverlas— en las problemáticas pueblerinas y se critica negativamente a quienes se ocupan de los asuntos internacionales?
Hay que superar esa mentalidad provinciana. Para motivar a los inversionistas y atraer capitales extranjeros y tecnología avanzada, la imagen de Nicaragua que se debe “vender” afuera no es la de un país díscolo, pobre y desamparado, sino la de una nación de personas libres, dinámica, laboriosa, ansiosa de incluirse en la corriente mundial del progreso y la globalización.