Laureano Mairena Pineda*
En Nicaragua a partir de 1990 inicia un proceso de transición de políticas económicas y estrategias de desarrollo. Hasta 1990 la estrategia de desarrollo del gobierno sandinista era la sustitución de importaciones o estrategia de desarrollo hacia adentro, que proponía que la producción fuese destinada para el consumo nacional, industrialización para sustituir importaciones, importaciones restringidas (voluntaria e involuntariamente), un estado promotor y de gran participación en la producción nacional. Esta estrategia que se aplicaba en Nicaragua aún en 1990, en el resto del mundo ya tenía más de diez años de haberse sustituido por la estrategia de desarrollo de promoción de exportaciones. En el proceso de transición y en toda la década de los noventa, las estrategias de desarrollo fueron cambiando poco a poco, hasta lograr desplazar por completo a la estrategia hacia adentro por la de promoción de exportaciones.
En teoría, la estrategia de desarrollo hacia fuera o de promoción de exportaciones consiste básicamente en: destinar la mayor parte de la producción nacional para la exportación, el Estado facilitador, minimización de la participación del Estado en la producción, apertura y liberalización de la economía, entre otras. Sin embargo, estas características necesitan la ayuda de otros factores, que no necesariamente tienen que ser económicos, para poder desarrollar realmente la estrategia hacia fuera y lograr los objetivos proyectados como son: aumentar la producción exportable, desarrollar el potencial agroexportador y agroindustrial que posee Nicaragua, aumentar la productividad y competitividad de los productos de exportación tradicionales y no tradicionales, mayor captación de divisas vía exportaciones, incrementar el ingreso nacional, el crecimiento y desarrollo económico.
La actitud y voluntad del gobierno para desarrollar la estrategia hacia fuera, es un factor fundamental para lograr los objetivos. Si el gobierno afirma que no hay presupuesto para llevar a cabo proyectos claves para el desarrollo del sector exportador, como la construcción de un puerto importante en el Atlántico, así como la construcción de carreteras para unificar el Atlántico con el Pacífico nicaragüense, carreteras de acceso a las zonas donde se producen los principales rubros de exportación del país, la remodelación del puerto de Corinto para que sea más eficiente, las políticas que realmente incentiven al exportador; tienen que hacer un análisis de ese presupuesto y observar las grandes partidas que tienen la presidencia y muchas de sus secretarías, que gastan el dinero de los contribuyentes en actividades improductivas y burocráticas como los grandes salarios, viáticos que sobrepasan a los sueldos, y monstruosas indemnizaciones.
También, a como afirma Oscar René Vargas en su libro “Círculos del Infierno”, la corrupción gubernamental le resta a Nicaragua unos 500 millones de dólares al año, los que podrían reforzar al presupuesto sustancialmente, acompañado también de una reducción drástica de los sueldos, salarios, viáticos y gastos de representación de los altos funcionarios públicos.
El desarrollo de estos proyectos para fomentar y elevar las exportaciones, así como otros puntos que ayuden a minimizar los altos costos que caen sobre las exportaciones, además de elevar la competitividad de los productos nacionales de exportación ante el mercado mundial, son posibles solamente si el gobierno tiene la voluntad de hacerlo y sacrificarse por una Nicaragua más eficiente, competitiva y con liderazgo en la región.
Por ejemplo, la ventaja que tendría Nicaragua con un puerto de gran escala en el Atlántico y carreteras que lo unifiquen con el Pacífico, evitaría la salida de grandes flujos de divisas de Nicaragua, para exportar e importar en los puertos del Atlántico de los países vecinos como Puerto Cortés en Honduras, Puerto Quetzal en Guatemala, Puerto Limón en Costa Rica, o en el Canal de Panamá. La existencia de este puerto bajaría los costos de exportación, agilizarían los trámites y tiempo para enviar o recibir mercancías. También generaría muchos empleos temporales y permanentes, ya que la construcción de las instalaciones portuarias y una carretera de esa magnitud llevarían por lo menos tres años.
Además, las ventajas competitivas producto de la disminución en costos y la diversificación de la producción de exportación, reducen el grado de vulnerabilidad de las exportaciones ante la baja de los precios internacionales. Tal es el caso del café que cuando baja el precio internacional de este rubro, el valor en dólares de las exportaciones totales disminuye. Al estar bien diversificadas las exportaciones este riesgo disminuye considerablemente.
El gobierno debe apoyar de forma enérgica la diversificación hacia productos no tradicionales, informando y capacitando a los pequeños y medianos productores acerca de las ventajas que le ofrecen productos que sólo se cultivan para consumo doméstico, al ofrecerlos para exportación. También se debe promover la exoneración de todo impuesto para exportación, para importar insumos, maquinaria y materia prima para productos de exportación, a fin de disminuir costos y ser más competitivos. El gobierno a través de la DGI y la DGA no recaudarían menos impuestos, por el contrario, al existir un incentivo fiscal real, mayores flujos de exportaciones generaría mayor ingreso nacional y por ende mayor consumo, y es ahí, en los impuestos indirectos donde el gobierno recauda mayores niveles de ingresos.
También el desarrollo de la agroindustria de exportación, el desarrollo de industrias de apoyo para éstas y otras externalidades positivas, producen efectos favorables para los términos de intercambio. Esto es posible porque el proceso industrial incorpora mayor valor agregado a los productos de exportación y un mejor precio en el mercado mundial, en cuanto se mantengan constantes los precios de las importaciones.
Hablando en términos de balanza de pagos, el gobierno de Nicaragua tiene que saber negociar el grado de apertura de su economía y principalmente con los países que se están haciendo tratados de libre comercio. Las ventajas para la balanza de pagos, por ejemplo, con el Tratado de Libre Comercio con México y principalmente a la cuenta corriente son nulas. Si en la actualidad el déficit comercial ronda los 1,100 millones de dólares y pronostica una misiva importación de productos mexicanos, frente a un pequeño aumento de las exportaciones hacia México, lo más probable es que el déficit comercial sobrepase los 1,500 millones de dólares con suma facilidad. Esto significa que la balanza de pagos tendría mayores problemas para equilibrarse.
Las condiciones de los organismos financieros internacionales para seguir apoyando a Nicaragua, no son las que realmente ayuden a desarrollar un país. La condición deliberada de abrir nuestras fronteras, no es la decisión óptima para una política comercial en las condiciones que se encuentra nuestro país. Este proceso de apertura tiene que ser gradual de acuerdo a las necesidades que tenga el país, pero sin deteriorar las relaciones comerciales con los principales socios.
Aquí es donde entra en juego la voluntad y capacidad negociadora que tenga el gobierno nicaragüense, para llegar a acuerdos comerciales que realmente beneficien nuestra economía, políticas que incentiven y promuevan la producción y las exportaciones, que se hagan realidad los proyectos estratégicos para desarrollar el sector exportador. Todos estos factores el gobierno debe conjugarlos dentro de una verdadera estrategia de desarrollo hacia fuera de promoción de exportaciones.
* Estudiante de Economía