Un ministro ejemplar

El ministro Agropecuario y Forestal (Magfor), Augusto Navarro, sorprendió recientemente a la nación y escandalizó a los altos círculos del gobierno, al plantear públicamente la necesidad de reducir los jugosos sueldos y “otras entradas” que en términos generales disfrutan los ministros y demás miembros de la cúpula gubernamental. Según el titular del Magfor, con los recursos que se ahorraría así el Estado se podría crear una banca de fomento que apoye a los productores agropecuarios.

El ministro Navarro también criticó la creación de más cargos jugosamente remunerados en la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral y la Contraloría General de la República, como consecuencia del pacto del 2000 que el Presidente Arnoldo Alemán hizo con el FSLN para entregar a éste una mayor cuota de poder, a cambio de una curul gratuita de diputado en la Asamblea Nacional durante el próximo período gubernamental.

Además, el ministro Navarro hizo ver la necesidad de rebajar la onerosa carga tributaria que pesa sobre la empresa privada y la población en general, que es la más alta de Centroamérica, pues mientras en Nicaragua oscila entre el 21% y el 25.8% en Guatemala es de 8 a 11%, en El Salvador de 11 a 12%, en Honduras de 16 a 17%, y en Costa Rica de 11 a 13%.

Por otro lado, hay que subrayar que el ministro Navarro reiteró sus declaraciones sobre estos asuntos después que el Presidente Arnoldo Alemán volvió a justificar los megasalarios y los jugosos complementos que él (Alemán) y sus ministros se hacen pagar con fondos públicos, con el pretexto de que ellos son una “meritocracia”. Además, el primer funcionario público de la nación insistió en que quienes critican los escandalosos sueldos y privilegios de los altos cargos gubernamentales, son personas “envidiosas y tiñosas”.

Pero las críticas del ministro Augusto Navarro son justas y correctas y han sido aplaudidas por la opinión pública. Los sueldos y beneficios que se hacen pagar los altos funcionarios gubernamentales por el desempeño de sus cargos públicos, son de los más altos del mundo y no se compadecen con la pobreza extrema del país ni con la condición de País Pobre Altamente Endeudado, que la comunidad internacional ha concedido a Nicaragua para hacerla acreedora a ayuda económica en condiciones especiales.

Ahora bien, es seguro que nadie en el actual gobierno va a atender los señalamientos críticos del ministro Augusto Navarro. Por el contrario, lo más probable es que destituyan a este ejemplar funcionario, quien por cierto no llegó al gobierno procedente de la clase política ni específicamente del gobernante PLC, sino del sector empresarial privado. Sin embargo, la admirable conducta del todavía titular del Magfor, quien es sin dudas un ministro ejemplar, demuestra que tenemos razón al decir que el país posee reservas morales y que es posible encontrar a personas idóneas que unan la vocación de servicio público con su capacidad profesional, honestidad política e integridad personal, para ocupar los cargos gubernamentales en todos los niveles.

En realidad, en una genuina república democrática a los magistrados, ministros y demás altos cargos públicos se les designa atendiendo fundamentalmente al principio de la idoneidad, no las conveniencias partidistas ni los vínculos personales y familiares. No es que se desconozca la pertenencia al partido que ganó las elecciones ni la confianza que el mandatario debe tener en las personas que nombra. Es que ante todo el funcionario público debe ser honesto, tener capacidad para desempeñar cabalmente el cargo que se le confía, conformarse con una remuneración digna pero acorde con la realidad del país, y sólo después de eso considerar su afiliación partidista o su afinidad con el líder del gobierno.

Cuando ministros como Augusto Navarro sean la regla y no la excepción, o sea, cuando la función pública se confíe a personas íntegras y con habilidades y conocimientos técnicos adecuados para desempeñarla con eficiencia; y cuando se deje de nombrar los altos cargos como premio a la militancia partidista, al compadrazgo y a las amistades familiares y personales, entonces sí se podrá decir que Nicaragua ha vuelto a ser República.  

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