Sin la presión de la censura

Omar Reyes*

Admiro mucho la valentía y firme oposición de quienes, como el señor Jorge Salaverry en su artículo “Libertad en peligro” (lunes 5 de marzo de 2001) denuncian la creación del “Colegio de Periodistas de Nicaragua” que vendría a opacar y resquebrajar las bases de una joven e incipiente democracia como la que se vive actualmente en Nicaragua.

Yo no soy un periodista graduado, pero me siento un colega más del medio.

Me gusta mucho la comunicación y me siento un comunicador social e informador, me gusta mucho informarme para informar a otros. Estar al tanto de lo que acontece alrededor del mundo, me satisface de manera muy especial, pues de esa manera me auto-educo (amplío mis conocimientos) y puedo compartir con otras personas diferentes tópicos en una conversación. Esto me ha servido para ponerlo en práctica a través de los diferentes medios de comunicación (radio y prensa escrita) con los que he trabajado y colaborado. En este particular, aquí (en Estados Unidos de Norteamérica) se puede uno integrar a un medio de comunicación y desarrollar un buen trabajo, sin la presión de las censuras de ninguna agencia o ente gubernamental que le impida a uno el ejercicio de comunicador social o informador, ni mucho menos el de ejercer el trabajo periodístico con el temor de ir a la cárcel por no tener un título universitario.

Al enterarme de la formación del Colegio de Periodistas y de “que el Colegio de Periodistas pueda enviar a la cárcel por ‘vagancia’ a cualquiera que ejerza el periodismo sin su autorización”, me parece que es una flagrante violación a la libertad de expresión.

Salaverry da un acertado ejemplo de ilustración e información histórica acerca del “Príncipe de las Letras Castellanas”, Rubén Darío, nuestra máxima gloria, para quien no haber poseído un título universitario en periodismo no fue impedimento, y se distinguió no sólo como uno entre los grandes sino como el más grande, escribiendo y ejerciendo la profesión de periodista para diferentes medios escritos. Este ejemplo debería ser tomado en serio por quienes tienen que reevaluar la propuesta de ley (la Corte Suprema de Justicia), y tomen en cuenta los intereses a favor de la libre expresión y de la democracia nicaragüense, que tanta sangre, dolor y lágrimas nos ha costado.

Recordemos a nuestro admirado y querido Rubén Darío, cuando dijo: “Si la Patria es pequeña uno grande la sueña”. Y así como él tuvo ese pensamiento para la tierra que lo vio nacer, así mismo, nosotros sus hijos, deseamos lo mejor para nuestra madre Patria y para cada uno de nosotros como hermanos.

Las personas democráticas deben continuar firmes y hacia adelante, defendiendo la causa de un buen periodismo y denunciando toda irregularidad que venga en perjuicio de la libre expresión, tal como lo hiciera el recordado Pedro Joaquín Chamorro, un prócer de la justicia y de la libre expresión, un firme opositor en contra de todo tipo de corrupción política y social. ¡Jesucristo bendiga a Nicaragua y a todos sus hijos!

* El autor es nicaragüense, residente en Washington DC., USA.
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