Emilio Alvarez M.*
La sentencia del juez que condenó a un grupo de oftalmólogos atribuyéndoles responsabilidad por infecciones ocurridas en pacientes que operaron de cataratas, es además de injusta, pésimamente documentada.
Para empezar, en los mejores hospitales del mundo suceden ocasionalmente contaminaciones quirúrgicas por virus o microbios, cuando en esos accidentes hay demanda judicial, el hospital se persona para contestarla. Por otra parte cuando ocurren infecciones en serie, como en este caso y fueron diferentes los cirujanos que intervinieron, es seguro que la causa reside en el ambiente o manejo de las rutinas pre operatorias, que fija el hospital.
Por lo demás los especialistas enjuiciados tienen un récord intachable en el ejercicio de su profesión, tanto en el orden científico como moral. Agreguemos que por esa fecha ellos operaron en otros hospitales, sin presentarse problema alguno. Por otra parte, hizo falta un dictamen de un médico epidemiólogo que evaluara el entorno, frecuencia estadística, etc.
Finalmente aclaremos que el cirujano sólo responde por el criterio con que opera a su paciente, su habilidad quirúrgica, y las condiciones de salud generales con que debe llegar y mantenerse el enfermo en la mesa de operaciones. Alegar que el jabón líquido utilizado por los cirujanos estaba con pseudomona, confirma que fue un material proporcionado por el mismo Centro de Oftalmología, detalle que aquéllos no podían conocer.
Habría que preguntarse si existe informe de expertos independientes que hayan valorado las condiciones higiénicas en que se mantiene el Centro Nacional de Oftalmología, y los procedimientos que usan en esos quirófanos. Por lo demás un Centro Nacional de asistencia especializada debería estar dirigido por un médico con experiencia hospitalaria.
*El autor es médico oftalmólogo, fundador de la Sociedad Nicaragüense de Oftalmología (1949).