Roberto Vélez Bárcenas*
El domingo 25 de febrero, sintiéndome motivado por la invitación y los expositores anunciados en un aviso de ese diario, que invitaba a los dirigentes conservadores del país al Foro “El conservatismo ante el desafío democrático”, asistí a la ciudad de Granada.
A pesar de haber estado ausente de la Patria por más de 20 años, he estado siempre cerca de su palpitar y, he seguido, mientras sobrevivía un exilio obligado, el acontecer nacional y especialmente, el del Partido Conservador en el que he militado por más de 45 años.
He conocido de sus movimientos de la última década, de sus noveles liderazgos, de sus expulsiones a sus más connotados hombres, de sus divisiones, de su pobre presentación electoral en las elecciones del 96, de su repunte, de la renuncia de su presidente autor del repunte, de la inclusión en sus estructuras de elementos ajenos a sus principios y que en nada contribuyen a la grandeza del conservatismo, la utilización del PC únicamente para satisfacer sus ambiciones personales las cuales no podían alcanzar en sus propios partidos, de su búsqueda de alianzas con figuras causantes de la tragedia vivida en los años de los ochenta que motivó injustificadamente tanto dolor en el exilio. En fin, la imagen que se percibía, era la imagen de un partido divorciado de los principios y valores que han sido base y fundamento de la sociedad y de una realidad muy nicaragüense y muy conservadora.
En la década de los ochenta, mientras sufría las exigencias de mantener la responsabilidad y dignidad familiar, ayudé y apoyé en lo que me fue posible a los Comandos de la Libertad, Comandos de la Libertad que heroicamente derramaron su sangre para alcanzar la libertad arrebata por el engaño sandinista, y, este apoyo lo hice con orgullo conservador. También siento orgullo de haber visto en esas filas de hombres valientes a distinguidos dirigentes del conservatismo, lo mismo que saber que, en la lucha interna, el partido marcaba la esperanza del pueblo nicaragüense por un futuro democrático, en manos de hombres como Fernando Zelaya, Mario Rappaccioli, Róger Mendieta, Silviano Matamoros, José Castillo y muchos otros baluartes del conservatismo.
Mi entusiasmo renació el domingo pasado, cuando vi a cienes de amigos en ese foro conservador. Me encontré con personas de todo el país a las cuales tenía más de 20 años de no ver por mi obligada ausencia. Era grato ver cómo se saludaban entre ellos y hablaban de recuperar el tiempo perdido en la búsqueda por todos de la unidad para enfrentar el desafío electoral que se presenta en estas próximas elecciones. Ahí hubo tribuna libre, las opiniones que se oían tenían todas el fin común de salvaguardar los logros hasta hoy alcanzados desde 1990. Las pláticas se centraban sobre un conservatismo con responsabilidad, capaz de escoger un candidato para las próximas elecciones de noviembre, que fuera garante y seguridad de la continuación del proceso de la consolidación democrática de Nicaraguas, para bienestar de todos. Se decía que era menester evitar que la dispersión del voto conservador sirva de escalera para el regreso a la década de los ochenta, que había que orientar a nuestro conglomerado en todo el país sobre la urgencia de votar inteligentemente por un candidato idóneo para el logro de nuestro propósito, fuera o no conservador este candidato.
Las opiniones que en el Foro Conservador escuché, me confirman que, la más prudente decisión es la de apoyar la candidatura del Ing. Enrique Bolaños Geyer, persona que, además de ser bien cercana al conservatismo, reúne las cualidades que satisfacen las justas aspiraciones de paz, libertad y democracia del pueblo nicaragüense.
Por consiguiente, haciendo mío propio el clamor de los participantes en el Foro Conservador, y como ex directivo del Partido Conservador de Nicaragua, hago un llamado al pueblo conservador a respaldar la candidatura del Ing. Bolaños Geyer.
*El autor es conservador, reside en Miami.