¿Reto u oportunidad?

Oscar Alemán C.*

Históricamente, las necesidades básicas de la humanidad y el desarrollo de las economías a nivel mundial, han dependido de los recursos naturales. A lo largo de muchas décadas, se ha tenido el recurso forestal como un bien libre inagotable.

El mercado de la madera ha estado configurado por un conjunto de condiciones y prácticas que han limitado sensiblemente el aprovechamiento nacional de la madera como insumo productivo y del bosque como fuente permanente de éste.

Las plantaciones forestales en Nicaragua se presentan como una oportunidad, al utilizar la tierra de vocación forestal de una manera razonable y producir la madera tan necesaria para la construcción de casas, muebles, enseres para el hogar, utensilios para oficina, herramientas agrícolas artesanales, entre otros.

La industria de la madera en nuestro país, tiene un futuro bastante prometedor, siempre y cuando se modifiquen los niveles de tecnificación y las características de los productos por comercializar. En el pasado, los procesos productivos y las modalidades de comercialización respondían a una cultura de explotación, el bosque no tenía valor comercial y era necesario su eliminación para dedicar la tierra a otras actividades, hoy el bosque es una inversión y para garantizar su rentabilidad es necesario tener un mercado de destino bien definido, es importante en este sentido establecer la asociación bosque-producto-mercado. Cabe aclarar que no todas las especies responden de igual manera y presentan características físicas de comportamiento diferentes que obliga a explorar distintas posibilidades de usos alternativos.

Las fincas productoras de madera son consideradas como negocios de largo plazo, por lo que su permanencia y éxito dependerá de la implementación de estrategias básicas que se orienten a satisfacer las necesidades a nivel organizacional, tecnológico-productivo, financiero y de mercadeo:

1. Organizacional: disponer de una organización que garantice la calificación y disponibilidad de recursos humanos, para la puesta en ejecución de las actividades que aseguren poner en el mercado el producto en las condiciones óptimas.

2. Tecnológico–productivo: incorporar tecnologías blandas y duras, como es la utilización de conocimientos y técnicas más actuales para lograr una producción de madera de calidad, así como la utilización de maquinarias e insumos acorde con las especificaciones de las especies que se cultiven.

3. Financiera: fijar la disponibilidad de los recursos financieros necesarios para realizar las labores de producción, industrialización y comercialización de la producción; a la vez, que aseguren un rendimiento óptimo sobre la inversión.

4. Mercadeo: asegurar la mezcla de productos, a través de la diferenciación misma del producto, estrategia de promoción, plaza y precio.

*El autor es presidente de UPANIC.  

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