Eddy Macías Carvajal*
Cuando mataron a Pedro Joaquín Chamorro, había cumplido catorce años, recuerdo vivamente que al escuchar la noticia del asesinato de Pedro Joaquín, sentí rabia e impotencia. Desde pequeño, mi padre lector empedernido del Diario LA PRENSA, inculcó en mi intelecto el hábito de la lectura y el apetito como dijo un muy buen amigo, ya que siempre no se puede estar leyendo, depende del apetito, nos volvemos insaciables según nuestro estado de ánimo e intereses particulares, pero además depende del hábito, recalcaba aquel hombre cuya calvicie lo asociaba al nivel de inteligencia, por aquello que los pelones son inteligentes, aunque no siempre es así con perdón de los pelones. Mi padre con esmero me entregaba las secciones de caricaturas donde Fantomas peleaba contra los forasteros, Mandrake el Mago utilizando la ilusión óptica para salir de las dificultades, hasta las agrias discusiones de carácter empresarial y actitudes de indiferencia de Lorenzo Parachoques, eran motivo suficiente para aprender a leer en mí, cuando los diarios en Nicaragua el valor de un ejemplar oscilaba entre veinte a veinticinco centavos de córdoba. Mi padre mencionaba a Pedro Joaquín Chamorro como el hombre mártir, vivo, por el coraje suficiente de enfrentar a Somoza, denunciando las barbaridades y manteniendo firme la frente en la denuncia pública, asumiendo los riesgos que trae consigo este arduo oficio de los periodistas o de aquellos atrevidos que asumen la crítica como bandera y hablan en voz alta, siendo los primeros que sufren de la barbarie sólo por el pecado banal de criticar a los que ejercen el poder y la sombra de la riqueza económica. A pesar de ser un prominente liberal, aunque sin militancia política y partidaria, el viejo de mi padre orgullosamente manifestaba el respeto hacia Pedro como lo llamaba, a pesar de la militancia conservadora del periodista.
Cuando el asesinato de Somoza, Pedro Joaquín fue encarcelado, torturado, so pretexto de complicidad con Rigoberto López Pérez, donde el patriotismo fue manifestado de manera tajante y resumido en una sola cita célebre: “¡Nicaragua volverá a ser República!”.
Como grito de rebeldía de los hombres de prensa, donde la vida es el precio pagado en la mayoría de las veces, como aspecto inherente al oficio periodístico. En sus acostumbrados comentarios mi padre solía decir: cuando Pedro Joaquín tenía 35 años de edad, encabezó la gesta de Olama y Mollejones en 1959; cuando asesinaron a Pedro Joaquín tenía 54 años el héroe del periodismo, de tantos que han existido.
Siempre fue el rebelde cuya capacidad no provenía de ningún intelecto a pesar de su honrosa distinción como Licenciado en Ciencias Jurídicas, sino más bien del contacto permanente con el pueblo y el respeto hacia un incansable ejemplo de hombre de coraje y temple. Con respecto a la dictadura, opinaba: es una casta dominante, nacida del asalto y del crimen político, enriquecida con el erario público, y dueña del patrimonio nacional por el terror o el halago… dueña de los cargos públicos que no paga impuestos, importa lo que quiere evadiendo los aranceles aduaneros, gana las licitaciones, se enriquece con la reconstrucción de Managua, trafica con la necesidad social, etc.
Fue el eterno faro de reflexión que los traficantes de la cultura política consideraban en sus andanzas convencidos que el periodismo nacional tenía su puntero en la lucha en contra de la corrupción, siendo el futuro la praxis consecuente con la filosofía del periodismo. De amplio currículum político, iniciando sus pinitos como dirigente universitario en plena adolescencia. Formó parte de la generación del 1944, que enfrentó a la dictadura somocista de manera frontal y decidida para bienestar del pueblo nicaragüense. En el salón de clases donde acostumbraba recibir clase de Español en el aspecto modular denominado crítica, existía una cita citable relacionada con el periodismo: El periodista es el primer juez en un crimen, es un juez implacable y sumario porque somete a los protagonistas víctimas, agresores y testigos al tribunal de la opinión pública.
Las estadísticas como instrumento técnico en asuntos de estudios de opinión en materia periodística indican que el oficio del periodismo es complejo, arduo y lleno de riesgos. En Colombia, país caracterizado por niveles de violencia insostenible, se registran desde el año 1980 cien periodistas asesinados; en 1999 ocho fueron vilmente ejecutados y diez secuestrados. Es apenas una idea del peligro inminente cuando de ejercer el periodismo se trata en nuestros países de Latinoamérica.
*El autor es escritor. Capítulo de un libro en proceso de elaboración.