Carlos Velásquez*
El pluralismo político es tal vez, como concepto, uno de los componentes más esenciales de la democracia tal como se entiende en el mundo occidental y la razón por la que es así de importante, es porque sólo existiendo pluralismo político plasmado en las leyes que regulan los procesos electorales, de manera que su puesta en práctica sea razonablemente funcional, es que todos los ciudadanos de un país pueden considerarse como verdaderos participantes en la elección de sus gobernantes.
Entre los vicios más comunes y peligrosos para distorsionar las democracias y la semilla de su destrucción están el Bipartidismo y el Partido Único (Fidel dice que Cuba es democrática porque los miembros del partido comunista votan para elegir a las autoridades de su partido, por candidatos únicos propuestos por el partido y obtienen como norma casi el 100 por ciento de todos los votos, con también una mínima abstención.
Por otra parte hay casos de países demócratas y pluralistas en que aunque de hecho solamente participan dos partidos como contendores con posibilidad de ganar las elecciones, pero las leyes permiten la formación de otros partidos con los mismos derechos y oportunidades que tienen los mayoritarios.
La razón práctica por la que se da en estos países un bipartidismo, es aunque parezca irónico, porque son pluralistas y eso hace precisamente que si en un país las leyes no impiden desde el punto de vista que el que no está de acuerdo como se maneja su partido a lo interno, puedan irse a formar otro partido u optar por la “Circunscripción Popular”. Y si además por ser auténticamente democráticos y pluralistas, cualquier divergencia se puede arreglar a lo interno, para qué organizar un nuevo partido, cuando todo político sabe que es una tarea ardua y difícil.
Otra característica de las democracias pluralistas es el respeto a las minorías, quienes puedan formar sus propios partidos, lo que hace que sus puntos de vista se hagan sentir, ya que el voto de un partido minoritario puede hacer que se apruebe o no una ley; cuando no se toman en cuenta las minorías de hecho es una invitación a la violencia.
Una situación sui géneris es cuando los líderes de dos partidos que son antagónicos ideológicamente “tal vez” para buscar cómo convivir pacíficamente, y al mismo tiempo para proteger sus propios lideratos tratando de evitar disidencias internas, en las leyes que reforman, hacen sumamente difícil la formación de otros partidos.
Lo que sucede en la realidad es que este tipo de bipartidismo es muy difícil de mantener, pues en el fondo los dos partidos son tan diferentes, que más bien están tratando de ver quién “se come” al otro: uno es ateo y el otro acepta la religión; uno cree que la propiedad debe ser del Estado y el otro que debe ser privada.
Y a la hora de las “piedras pómez” el que creía que todo lo tenía bajo su control, se percata que “sin querer queriendo” ha creado su propio monstruito y que con las concesiones que le dio a su verdadero adversario, lo convirtió en una seria amenaza de que gane las próximas elecciones presidenciales. ¡Veremos qué pasa!.
Lo importante es que de aquí en adelante que hay que pensar en la Nicaragua que le dejaremos a nuestros hijos; enrostrándonos quien es el culpable, lo único que logramos es dar satisfacciones a nuestro ego.
A estas alturas del juego, debemos ser muy objetivos y realitas al analizar nuestras organizaciones, recursos económicos, valorizar cuantitativamente y cualitativamente los riesgos de diferentes tipos de alianzas.
Si no somos flexibles y realitas cometeríamos el error de darnos dos veces con la misma piedra; tengamos muy presentes (hagamos números) como se aplica la frase latina: “divide y vencerás” en estas elecciones.
Que Dios ilumine a nuestros líderes.
*El autor es Conservador, Master en Administración de Empresas.