Silviano Matamoros
A los partidos Conservador y Liberal Constitucionalista les ha correspondido ser una vez más el desiderátum en la defensa de la democracia en nuestra patria. Este reto político los compromete a buscar una alianza democrática estratégica que les facilite la toma del poder y por ende la preservación de la democracia en nuestro país.
Ante el riesgo de la democracia y la probable toma del poder por el sandinismo, nada podría dañar más ante el pueblo la imagen política de estos partidos, que evadir o dificultar dicha alianza al más corto plazo; porque no es este el momento de la especulación partidaria, ni el momento de las prebendas. La misión política de estos partidos es complementaria en este momento y debe ser orientada a garantizar la presencia y la estabilidad de la democracia.
Los intereses políticos de estos dos partidos en esta ocasión deben dejar de ser partidarios para convertirse en ideales y principios de nación que aseguren en el futuro de la patria un ambiente que permita el mejor desarrollo de la justicia, de la libertad y de la práctica efectiva de los principios democráticos.
El mejor aporte que estos partidos pueden dar a nuestro país en este momento es constituir una alianza sólida y patriótica que aumente a ambos partidos las posibilidades de triunfar y de consolidar en nuestro país una fuerza libero-conservadora de innegable importancia que pueda enrumbar y encarrilar democráticamente el destino de nuestro pueblo en el futuro.
Una alianza libero-conservadora concebida con altura tendría reservadas sorpresas al futuro y podría ser fuente no sólo de democracia sino de unidad en el desarrollo del estado de derecho, de la lucha contra la corrupción y la pobreza, si lograran identificarse sus líderes y sus partidos con tan altos ideales.
Se comprende que ambos partidos tienen en esa alianza una decisión difícil, pero la política no es una ciencia exacta y los partidos viven de realidades y no de ambiciones personales cortoplacistas y transitorias.
Los riesgos, las críticas y las malas interpretaciones siempre vendrán en cualquier alianza y sobrarán razones e intereses que atemoricen a los partidos para impedirlas, pero la institucionalidad política de los partidos y el interés nacional no pueden estar cautivos de intereses personales. Las decisiones trascendentes no pueden estar ni deben estar condicionadas por la manipulación, el miedo y la dependencia personal; simplemente hay que hacerlo.
El sandinismo radical y comunista sólo está fingiendo un falso movimiento al centro ideológico, ellos no han cambiado y están al acecho del poder para someternos como en el pasado. Una simple equivocación, un movimiento dudoso o una omisión de la democracia nos conduce al deslizadero y al futuro incierto de otra noche negra.
* Ex presidente del Partido Conservador.