- Roberto Zelaya Blanco pasó 10 años en las cárceles sandinistas cumpliendo lo que sería una condena de 30 años después de encontrarlo “culpable de diversionismo ideológico… con sus escritos reaccionarios y serviles”, según la conclusión a la que llegó la Seguridad del Estado
- Ahora él se propone contar en un libro su calvario de torturas y vejámenes, y promete que “levantará corroncha” porque menciona entre sus torturadores a muchos
que todavía están jugando políticamente
Fabián Medina [email protected]
El 23 de febrero de 1980, Roberto Zelaya Blanco fue condenado por los Tribunales Especiales Antisomocistas a 30 años de prisión. Zelaya Blanco tenía para ese tiempo 45 años de edad, y durante el régimen somocista había sido funcionario de la compañía de electricidad, profesor universitario, y un apasionado somocista que fustigaba todo lo que contradijera al régimen desde las páginas de Novedades, el periódico de Somoza.
El informe que la Seguridad del Estado sandinista envió al jefe de la Fiscalía Especial, Rolando Rojas Alvarez, concluía:
“Es culpable de diversionismo ideológico. Ayudó a crear en el pueblo de Nicaragua una conciencia somocista, imperialista y anticomunista. Mantuvo adormecido al pueblo y engañado de la realidad con sus escritos reaccionarios y serviles”.
Ahora Roberto Zelaya Blanco es el presidente de la Empresa Nacional de Puertos (EPN) y el próximo martes presentará un libro que promete “levantará corroncha porque menciono el nombre de varios criminales” que todavía están jugando en política.
Zelaya acusa, por ejemplo, al actual presidente del Consejo Electoral de Managua, Primitivo Rodríguez, de participar en sus torturas y en algunas ejecuciones de prisioneros.
“Yo reto a todos los que menciono en mi libro a que me demanden en los juzgados si lo que digo es mentira”, sostiene.
La oficina a Zelaya debe parecerle grande y cómoda después de pasar diez años en celdas. El aire militar que transpira la oficina no está dado por el corte de pelo de su inquilino, sino más bien, por el porte marcial y la actitud de su asistente, todo el tiempo a la par con las manos cruzadas delante, listo a adivinar el menor deseo de su jefe.
Zelaya Blanco dice haber sido toda su vida miembro del Partido Liberal de Nicaragua, y “de vez en cuando hacía algunos comentarios políticos en la página editorial del diario Novedades”.
-(Pregunto directamente): ¿Usted era somocista?
“Liberal. El somocismo nunca existió en Nicaragua”.
-Pero simpatizaba con los Somoza.
“Naturalmente que sí, eso no es ningún delito”.
-¿Usted estuvo armado? ¿Combatió contra los sandinistas?
“Nunca he andado armado en mi vida. Nunca he pertenecido a ningún cuerpo armado legítimamente constituido”.
-¿Entonces de qué le acusaron los sandinistas para echarlo preso?
“Igual que a toda la gente, me acusaron de las mismas recetas de cocina. El informe conclusivo que pasó la Seguridad del Estado decía por “haber creado en el pueblo nicaragüense una conciencia somocista, anticomunista y proimperialista. Esos eran mis delitos, que se tradujeron en los Tribunales Populares en asociación ilícita para delinquir, instigación para delinquir, apología del delito, asesinatos atroces y violación de los derechos internacionales”.
-¿Usted era bastante crítico con el doctor Pedro Joaquín Chamorro?
“Sí, puesto que él me había atacado sin ningún motivo en su periódico”.
-¿Alguna vez pidió que lo eliminaran?
“Nunca. Eso es totalmente falso”.
-¿Qué era lo que decía usted de Pedro Joaquín Chamorro en sus escritos?
“Que de la forma como procedía, la orientación ideológica que tenía el periódico, pues se comportaba en la práctica como un vocero oficioso del Frente Sandinista en la clandestinidad”.
-¿En qué tribunales lo juzgaron?
“Tribunales Especiales de Justicia o Tribunales Populares. Estos tribunales que fueron creados con la firma de la señora Violeta Chamorro, Decreto No. 185, del 29 de noviembre de 1979”.
-¿Cómo ocurrió su captura?
“Simple y sencillamente yo me quedé en Nicaragua. No había cometido ningún crimen, no le había robado nada a nadie y entonces me capturaron el 24 de julio del año 79, y permanecí recluido hasta el 17 de marzo de 1989. Precisamente uno de los mayores delitos que me achacaban era que era crítico del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal”.
-¿Cómo fue su vida en la cárcel?
“Mire, la vida en una cárcel comunista es lo más infame que usted se puede imaginar. Hay una legión de esbirros llamados ‘responsables de orden interno, agitación y propaganda, responsable político, responsable de seguridad perimétrica, responsable de Seguridad del Estado’, cuya única función es hacerle la vida imposible las 24 horas de cada día. Esta gente llegó a establecer un sistema en donde hasta la cantidad de calorías que usted podía ingerir estaba controlada. Además de no darle de comer a uno lo necesario, impedían también que los familiares le llevaran comida a uno”.
“Ellos implementaron lo que llamaron programas de reeducación penal, en donde bajo dosis diversas de presión, chantaje, halagos, lograron reclutar a una buena proporción de la población penal para que les trabajara gratis doce horas diarias. Y lo único que les daban era una visita cada 15 días de sus familiares”.
-¿Usted se negó a esto?
“Nunca me presté a trabajar. A mí me fusilan pero no les trabajo absolutamente en nada”.
-¿Eso lo sometía a un régimen especial?
“Tomás Borge lo dijo una vez: Quien quiera un régimen menos severo debe comprarlo y el precio es irse a trabajar”.
-¿Entonces en qué régimen estuvo?
“En el que llamaban régimen de adaptación donde estábamos los que nos habíamos negado a trabajar”.
-Los presos-problema.
“No, no problema. Yo no daba problemas, el problema lo daban ellos. A nosotros nos clasificaron como irrecuperables para el proceso revolucionario. En la prisión había una represión de carácter general de la que no se salvaban ni siquiera los prisioneros que trabajaban con ellos. Y había una represión de carácter selectivo, orientada para los prisioneros que nunca trabajamos con ellos”.
-¿Cómo se manifestaba esa represión?
“Mire usted: periódicamente llegaban para sacarlo de cárcel, y entonces, además de que uno perdió todas sus pertenencias, el traslado desestabilizaba al familiar que no sabía dónde demonios estaba uno recluido. Lo llevaban a cárceles donde era uno torturado, golpeado o llevado a las nuevas cárceles que construyeron. Celdas donde se limita hasta la cantidad de aire que uno puede respirar. Esas celdas están ahí en la Seguridad del Estado. Eran en número de 32”.
“En el último año de gobierno doña Violeta dijo que se iba abrir el museo de la Loma de Tiscapa para que el pueblo vea los horrores del somocismo. Cuando se dio cuenta de eso Joaquín Cuadra Lacayo, declaró que la zona donde estaban las cárceles era zona de exclusión militar. ¿Por qué motivo? Porque no eran de administración Somoza sino de administración sandinista”.
-¿Cuánto tiempo estuvo en esas cárceles?
“Estuve nueve veces en períodos de 30 días”.
-Dice que sufrió tortura.
“¡Claro que sí! Quisieron obligarme a firmar declaraciones prefabricadas. En octubre de 1979, especialmente el día 11, y el método de tortura que aplicaban los internacionalistas argentinos, una serie de verdugos, como Hugo Irurzún, alias “Capitán Santiago”, Enrique Gorriarán Merlo, alias “El Pelado”, y otros dos a los que nunca le identificamos sus nombres. Consistían en esposarlo a uno y suspenderlo de una cadena con una polea colgada en el techo, estando suspendido uno parcialmente lo agarraban a golpes. Ese era el procedimiento que más utilizaban ellos cuando querían obtener resultados rápidos”.
-¿En algún momento estuvo en peligro su vida?
“¡Claro que sí! A mí me sacaron a fusilar en dos ocasiones. La primera vez fue a la medianoche del 11 al 12 de octubre. Me llevaron a un potrero, en las cercanías del Aeropuerto Internacional de Las Mercedes. Ahí ya estaban 15 campesinos. Los tenían esposados de dos a dos. Nos pusieron en grupos. A unos nos dispararon con balas de fogueo y a otros con balas de verdad. Eso fue verdaderamente espantoso, puesto que uno miraba caer al otro pero uno seguía de pie, y se preguntaba estoy vivo, estoy herido. ¿Qué es lo que ha pasado?”
“Y quienes estaban dirigiendo los pelotones de ejecución eran Róger Cabezas Gómez, en ese entonces jefe de la Policía Sandinista, estaban los cuatro argentinos, y al resto de los otros esbirros nunca más los he vuelto a ver”.
“Y la segunda vez fue estando en la Seguridad del Estado, específicamente el siete de noviembre de 1979. A mí me llegó a sacar de la celda en que estaba Primitivo Rodríguez Blandón, alias “Comandante Pedro” —el mismo que está en el Consejo Supremo Electoral—, acompañado de Hugo Irurzún. Me llevaron ahí por Batahola y nos montaron en un camión esposados y guindados porque nos pasaban un mecate por el travesaño. Y nos anduvieron por varios barrios de Managua. Era el día que supuestamente traían los restos de Carlos Fonseca Amador y con unos megáfonos preguntaban: ¿¡Qué pide el pueblo sandinista contra los esbirros somocistas!? Y les replicaban: ¡Paredones sandinistas! En la noche nos llevaron adelante de Sabana Grande, ubico más o menos eso porque nos obligaron a acostarnos en la plataforma del camión después que nos descolgaron. Cuando llegamos habían como unos 30 individuos que estaban hincados alrededor de zanjas excavadas con equipo mecanizado. Nos obligaron a arrodillarnos y los que andaban armados de pistolas pasaron pegándole un tiro en la nuca a algunos. A nueve nos dispararon a los lados de la oreja. Ahí anduvo también otro esbirro que era el jefe de los interrogadores y torturadores de la sección operacional de la Seguridad de Estado conocido como Jairo Gutiérrez, alias ‘Compañero Patricio’, que tengo entendido es ahora un leguleyo que vive en Santo Tomás, Chontales”.
-¿Usted inició un proceso contra esta gente?
“El problema son las sucesivas amnistías que dictó el gobierno de doña Violeta Chamorro. Hasta ahora no he hecho ninguno, pero es muy posible que en el futuro lo haga porque todos esos crímenes conllevan acciones imprescriptibles. Puedo, inclusive, según una sentencia de Naciones Unidas, demandar al Gobierno de Nicaragua, reclamándole una indemnización. No lo he hecho por la sencilla razón que este [es] un gobierno liberal, yo soy liberal y soy un funcionario del gobierno liberal”.
-¿Esa indemnización tiene algún monto?
“No se fija; después en el juicio saldría a relucir”.
-¿Hay algún amigo suyo que no haya salido vivo?
Las ejecuciones extrajudiciales se dieron específicamente durante 1979 en su mayor parte. Para sembrar el terror a los que fusilaban era a pobres campesinos que capturaban en las zonas montañosas. ¿Gente que fusilaron? No nos vayamos muy largo, recordemos al coronel Franklin Montenegro Alarcón, al sargento Pablo Aguilera, al capitán Bandon Bayer y a dos prisioneros que se fugaron el 9 de octubre de 1983, que respondían a los nombres de Juan Pablo Joya Pichardo y Leónidas Chamorro. Hay cientos de cientos… Precisamente narro en el libro que había varias escuadras de exterminio de prisioneros políticos. Una de ellas que llamaban ‘Los Cóndores’ estaba integrada por esbirros argentinos. Llegaban todas las noches, obligaban a los prisioneros a formar en fila, pasaban unos enmascarados señalando gente y a todos esos los fusilaban”.
-¿A qué atribuye que usted haya salido vivo de esto?
“A la misericordia divina, nada más. Posiblemente que era bastante conocido”.
-¿Para ese tiempo su familia estaba haciendo gestiones en el extranjero para lograr su libertad?
“Sí. Yo tengo dos hermanos mayores que yo. Ellos visitaron Amnistía Internacional en Londres y la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, cuya sede está en Ginebra, Suiza. Ellos presentaron una serie de denuncias y quedó claro que no había ningún delito por el cual se me hubiera juzgado y me declararon “prisionero de conciencia”.
-¿En qué circunstancias se da su liberación?
“Nosotros fuimos liberados mediante un indulto masivo el 17 de marzo de 1989. Fue quizás uno de los días más alegres de mi vida porque cuando uno pierde la libertad es cuando sabe el verdadero valor que ésta tiene”.
Compañero de celda de Arnoldo Alemán
Roberto Zelaya Blanco relata que llegó a conocer a casi todos los prisioneros que había en las cárceles sandinistas durante los 10 años que estuvo recluido, debido a que el Sistema Penitenciario los cambiaba constantemente de cárcel, de celda y de compañeros de celda.
Así fue cómo compartió celda durante 45 días con el hoy Presidente de la República doctor Arnoldo Alemán, a quien sin embargo, dice haber conocido de antes:
“El doctor Arnoldo Alemán Lacayo, que fue compañero de prisión mío, y éramos amigos personales de antes. Yo estuve con él de compañero de celda aproximadamente unos 45 días porque inmediatamente después me llevaron para participar en la inauguración de esas famosas celdas de máxima seguridad que tienen los sandinistas en la Loma de Tiscapa, y de ahí se me pasó a estar tres meses en los sótanos de El Coyotepe, donde contraje una enfermedad que me degeneró en un enfisema agudo. Cuando regresé a la Cárcel Modelo, ya al doctor Alemán se lo habían llevado a la Zona Franca, donde estaban ubicados los prisioneros que tenían condenas menores”.
Esa relación explica el cargo que Zelaya Blanco desempeña en el actual gobierno.
“El me ofreció varias, que viniera a integrarme a una posición importante de su gobierno y acepté. Me nombró para comenzar, Asesor del Presidente Ejecutivo de la empresa de electricidad ENEL. Estuve en ese cargo con el ingeniero (Edgard) Quintana y (Mario) Montenegro, y el 20 de octubre del año pasado me nombró Presidente Ejecutivo de la Empresa Portuaria Nacional”.