El congreso “la decisión final”

Rolando J. Téllez Bennett

Durante los últimos años el país cambió su escenario político, económico y social. La democracia defectuosa en la que operan los distintos actores sociales es producto de un conjunto de contradicciones que habla de una década marcada por una democracia electoral y la cada vez mayor exclusión social.

Una lectura objetiva del electorado refleja que el voto sanción pende como espada de Damocles sobre el partido de turno en el poder por la involución autoritaria de nuestro proceso democrático y la inmoral distribución de riqueza y oportunidades que tan sólo deja migajas al pueblo hambriento. Sin embargo, los sandinistas se equivocan si piensan que estas condiciones son suficientes para conquistar al electorado. Durante la campaña del 90 el electorado no tuvo hechos concretos que permitieran comprar la divisa electoral “todo será mejor”, hacía falta la suspensión de la ley del Servicio Militar que diera tranquilidad y confianza al electorado, a pesar de saber esto el sector de la antigua generación de sandinistas se opuso y los resultados todos los conocemos.

Para el año 96 aunque la paz era una realidad los traumas psicosociales de la guerra nos heredó una sociedad enferma que aún no terminaba de enterrar a sus muertos y los revivía al votar por ellos y en nombre de ellos. Si a esto agregamos la fragmentación del FSLN y el tardío reencuentro con la socialdemocracia se explica el grave problema existencial que el FSLN atravesaba al momento de enfrentarse con el electorado.

Después de las elecciones del 90 y 96 queda claro que la gente exige hechos concretos por los cuales ceder ante el pánico y el temor, que desde la ultraderecha se imprime a la frágil psicología de posguerra del electorado.

Señores congresistas: es verdad, la gente no sandinista está más dispuesta a acompañar al Frente Sandinista que a acompañar a Daniel Ortega, la gente personificó su trauma con el Frente Sandinista en la figura de Daniel.

El sentido común indica que presentar el mismo candidato en el año 84, 90, 96 y 2001 no es un hecho que hable de esa real evolución, más bien expresa con claridez la hegemonía de la antigua generación de sandinistas sobre los destinos del FSLN. Pero en el remoto caso que este planteamiento sea equivocado, los sandinistas deben estar claros que llegar al poder con un 35% es un consenso raquítico para emprender cambios estructurales que reoriente el sesgo anti-pueblo de las políticas económicas.

El FSLN necesita mantener su piso electoral y de manera impostergable conquistar la conciencia de los sandinistas resentidos, la gente sin partido, los indecisos y esa inmensa mayoría desencantada de la política y los políticos.

El FSLN debe de aquí a las elecciones construir un amplio consenso ofreciendo un modelo de sociedad más democrático y con un profundo sentido humano que dé cuerpo a una política económica que integre a los excluidos y marginados, potenciando el papel de la empresa privada, la sociedad civil, el Estado y el mercado.

Por esa razón la propuesta electoral debe ser encarnada por una figura que transmita tranquilidad a todos, la decisión final está en manos del congreso y Daniel Ortega que hoy tiene la oportunidad de entrar a la historia como el único líder revolucionario que declinó sus aspiraciones personales para contribuir en la construcción de un nuevo consenso que desembocará en un nuevo acuerdo social.

La otra alternativa, es entrar a la historia como el líder que no pudo hacer una lectura adecuada del electorado y por no sacrificar sus aspiraciones personales legítimas protagonizó tres derrotas consecutivas que sepultaron la esperanza de miles y miles de marginados y excluidos.

Congresistas: el adversario apostó por un reciente liberal de la tercera edad envilecido por el odio y que en el ocaso de su vida sólo es capaz de transmitir la frustración que una revolución social significó en su vida. ¿Es sensato enfrentarlo con la figura que representa esa revolución social?

Lo siento pero no podemos forzar al electorado a sumarse a una propuesta nueva encarnada por los viejos protagonistas, si la propuesta es nueva su personificación expresará lo nuevo con total claridez.

La antigua generación de sandinistas no está obligada a entender esto, ustedes sí, y ahora. Mañana es demasiado tarde.

El autor es Administrador Agropecuario,/i>  

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