Peligroso retorno

Alfonso Efraín Castellón Ayó[email protected]

Hace buen rato he tenido el deseo de escribir sobre temas de actualidad, por sentirme atraído como ciudadano a participar en la formación de opinión pública que tanto hace falta en nuestra sufrida Nicaragua. Y es que nuestra cultura caciquista de arrogantes políticos, llenos de vanidad y hasta superchería algunas veces, nos invita a analizar su personalidad.

Hoy deseo referirme a uno, muy especial: el “compañero Daniel Ortega Saavedra”. Veamos: este señor ex comandante jura y rejura que es el elegido de Dios, el único capaz de luchar por el pueblo para lograr educación, trabajo, atención médica y bienestar social para todos nuestros compatriotas. Quisiera creerle. Y lo digo de corazón. Pero cuando le escucho decir –al referirse a la Casa Presidencial– ese Edificio lo haremos “guardería infantil”, me pregunto: ¿Con qué derecho? Es que este señor en medio de su ignorancia olvida que es un Despacho para todos los presidentes que vengan después del actual y no solamente para el que está ahora en funciones (hecho con donación de Taiwan y contrapartida del Estado). Y cuando dice: “hacia la Unidad Sandinista Patria Libre o Morir”. Bueno, esto ya es peor que lo anterior. ¿Y contra quién va a luchar? ¿Quién es el enemigo? ¿Será contra el Dr. Alemán, los liberales? ¿O quizás los países donantes?, etc. Por qué habla de muerte, cuando hoy en día ningún nicaragüense desea luchar contra nadie. La única lucha que debemos de hacer es contra la pobreza. Realmente es ridículo creerle a los sandinistas que con este “compañero revolucionario trasnochado” va a existir un clima de paz, como el que hemos vivido desde abril de 1990. ¿Es que este comandante alguna vez ha dicho: pueblo de Nicaragua, como humano que soy me equivoqué, pido perdón a toda la nación por mi mala actuación como Presidente de Nicaragua durante diez y medio largos años?

No, y creo que ni ha pensado hacerlo. O acaso cree que hizo un gran gobierno al endeudarnos con 12,000 millones de dólares, cuando los famosos Somoza en 46 ó 47 años de dictadura tan sólo nos heredaron 900 millones de deuda externa. Se olvida que nos heredó una cultura de “no pago”, un campesinado engañado con prestaciones inexistentes, una ciudadanía aterrorizada por el Servicio Militar (acto genocida) que acabó con moros y cristianos, (léase contras y compas, todos nicaragüenses), una economía estatizada sin ningún chance de estabilizarse (los “lunes negros, los racionamientos, las tomas de tierras, contabilidad ministerial sui géneris, confiscaciones, etc.”) lo que podríamos resumir en un odio de clases repugnante, un irrespeto total a las autoridades eclesiásticas, a la Policía Nacional, a los ciudadanos en general, por parte de las masas adoctrinadas (léase “turbas divinas”). Total: un país en bancarrota. En fin, por eso creo que es mi deber de ciudadano respetuoso de las leyes, sufrido por 15 largos años en un exilio involuntario [y quien no deseara salir de nuevo], denunciar este peligro latente que correría el 70 % de los nicaragüenses “no sandinistas” al tomar el poder nuevamente Daniel Ortega Saavedra.

Quizás otro asunto hubiera sido con un candidato como el doctor Alejandro Martínez Cuenca o bien el señor Víctor Hugo Tinoco, quienes representan un cambio y tienen otra imagen dentro del sandinismo. Pero con Daniel (un verdadero agitador social), solamente podemos esperar demagogia, tergiversación de la verdad, desinformación, lucha de clases, miseria y probablemente otro éxodo masivo de nicaragüenses. Esta vez mayor que el primero. Recordemos que todavía está en lo fino la emigración a Honduras, Costa Rica, EE.UU., etc.

Por las razones anotadas se me ocurre proponerle a ese 70 por ciento del electorado “no sandinista” buscar unitariamente el voto “antifrentista”, y comenzar a luchar para la unidad democrática, no importando cuál sea la fórmula presidencial por la democracia, dando su voto a ésta, que desde el ángulo que la veamos siempre será mejor que Daniel. Además: tenemos otros cinco años para reformar la Constitución, la Ley Electoral y continuar luchando por la democratización de Nicaragua, que empezó con doña Violeta Barrios de Chamorro. Y aunque tengamos que convivir con ese mercado cautivo del 28 al 30 por ciento del electorado que tanto atraso, daño y desprestigio le ha causado a este sufrido pueblo, no correríamos el riesgo que implica tan peligroso retorno.

¡Votemos por la democracia! ¡Salvemos a Nicaragua!

El autor es Secretario Ejecutivo de la Asociación de Confiscados de Nicaragua  

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