No cabe duda que el ex presidente Bill Clinton es el Harry Houdini de la política. Así como a principios del siglo XX el gran mago de origen húngaro maravillaba al mundo entero por su impresionante habilidad para escaparse de cualquier forma de aprisionamiento, sin importar que fueran mecates o cadenas, así Bill Clinton ha sido capaz de escaparse —al menos hasta ahora—, tanto de las trampas que le han puesto sus adversarios políticos, como de los líos en los que él mismo se ha metido.
El escándalo en el que el ex mandatario está envuelto ahora se origina en los indultos que concedió el último día de su segundo período presidencial. Haciendo uso de las facultades que le otorgaba el cargo, Clinton perdonó a 140 convictos y conmutó las penas de otros 36. La acción de indultar, que todos los presidentes realizan durante su mandato, es usualmente vista sin sospechas, pero no en el caso de este ex presidente. Sucede que uno de los perdonados es nada menos que Marc Rich, un rico financiero que después de ser encontrado culpable de repetidas y millonarias evasiones de impuestos, huyó del país en 1983. Pues resulta que este individuo, con el poder de su nada pequeña fortuna, y con el persistente cabildeo de hábiles abogados y hasta de su misma ex esposa, Denise Rich, logró zafarse de la persecución de la justicia.
La pregunta que el Congreso norteamericano se está haciendo es por qué el ex presidente Clinton concedió ese perdón. Y el interrogante parece más que justificado cuando se toman en cuenta las millonarias contribuciones de dinero que Denise Rich le ha dado al Partido Demócrata, a la exitosa campaña senatorial de Hillary Rodham Clinton —esposa de Bill Clinton— y al fondo para la construcción de la biblioteca que llevará el nombre del ex presidente. Como era de esperarse, Clinton ha dicho que esas contribuciones no tuvieron nada que ver con su decisión de perdonar a Rich, pero en el Congreso no están convencidos de eso, ni siquiera los mismos demócratas. Otra de las razones que hacen sospechar a los congresistas y al público en general, es la participación del ex consejero legal de Clinton en la Casa Blanca, Jack Quinn, quien cobró 300 mil dólares para representar a Rich en su búsqueda de perdón. Asimismo, 32 de los 176 indultos no fueron revisados de previo por el Departamento de Justicia.
Y por si todo lo anterior fuera poco, a mediados de esta semana se supo que Hugh Rodham, hermano de Hillary Clinton, recibió 400 mil dólares por sus gestiones para lograr el perdón presidencial de dos convictos: un empresario acusado de fraude y perjurio y un narcotraficante. Una vez que ese hecho se hizo del conocimiento público, Hugh Rodham devolvió el dinero. La senadora Hillary Clinton dijo que se sentía acongojada, triste y en estado de “shock” por lo ocurrido, y calificó la acción de su hermano como un “terrible error de juicio”. Aún antes de conocerse lo del hermano de Hillary, el ex presidente Jimmy Carter había dicho que él consideraba “vergonzoso” el manejo que Bill Clinton hizo de la facultad de conceder perdón.
Lo participación del hermano de Hillary parece ser la gota que derramó el vaso. Ayer (viernes) los influyentes diarios The Washington Post y The New York Times, publicaron sendos editoriales en los que se pronuncian a favor de una investigación exhaustiva de los perdones concedidos por Clinton. En ambos editoriales se percibe un profundo grado de indignación por lo que parece ser una habilidad del ex presidente de salirse siempre con la suya mediante el uso de mentiras y de medias verdades. Es posible que en esta ocasión otra vez lo logre, pero aunque al final no se encuentren las “evidencias” de que hizo algo indebido, es muy improbable que en esta ocasión el ex presidente quede limpio ante el tribunal de la opinión pública. En todo caso, nos parece que el Congreso hace bien en investigar el caso a fondo, ya que nadie, ni siquiera un ex presidente, debe estar fuera del alcance de la ley cuando se presume que ha cometido un delito.