- El proyecto granadino comienza con la apertura de una ruta navegable por la que transite un comercio buhonero, mientras se desarrollan actividades de más importancia
Mario Alfaro Alvarado
El miércoles 14 del corriente mes, el dr. josé antonio Alvarado celebró en la Catedral de Granada, una misa de acción de gracias, por haber recuperado su nacionalidad nicaragüense.
En expresión de solidaridad popular, la gente del estado llano que respondió a la invitación, colmó con su presencia las tres espaciosas naves del templo primado de la ciudad.
En su homilía, el sacerdote se refirió a la nacionalidad del Dr. Alvarado, que al haber nacido nicaragüense adquirió un derecho que nadie puede arrebatar y ese derecho le había sido secuestrado por razones políticas. Se refirió además a las calidades personales del ofrendante. Los files aplaudieron con entusiasmo la oración sacerdotal.
Al finalizar el oficio religioso, una multitud se reunió en el atrio de la iglesia. Un atabal y un grupo de niños danzantes con trajes típicos, rindieron homenaje al político granadino.
¿Qué significado tenía aquella manifestación de entusiasmo popular, por un servicio religioso de agradecimiento al Altísimo por un acto de justicia humana?
Hay que sabérselo explicar para encontrarle sentido a esa expresión de solidaridad popular.
No se puede decir que toda aquella gente era liberal, que aborrece el pacto, que son partidarios de José Antonio, que quieren verlo en la Presidencia de la República. Nada de eso. Se trata más bien de un fenómeno social complejo y significativo.
Por largos años, la población granadina ha vivido ayuna de una figura política con rango presidencial y que, además, haya desafiado a su propio partido y al patrón autoritario que lo maneja a su capricho. Que haya tenido éxito al organizar a los desafectos liberales que en cierta forma, al repudiar la corrupción en su partido, están por el rescate de los valores morales que todavía quedan en el liberalismo. Valores que la sociedad sin divisas políticas, desea que renazcan en todos los partidos, en todas las instituciones del Estado, en todos los gobiernos.
Se repite que Granada ya no es conservadora. Tampoco es liberal, ni sandinista, ni cualquiera otra cosa. Granada se busca a sí misma y se libera de los convencionalismos que le impuso la historia. Ayer se decía que ser granadino y ser conservador era la misma cosa; hoy se admite que los granadinos prefieren el pluralismo político y creen en la independencia del voto.
Granada tiene su propio proyecto de desarrollo. Un proyecto de amplios horizontes que se sofoca en los estrechos límites de su propia demarcación departamental. Quiere ir más lejos, hacia donde apunta el ancho confín del Cocibolca en su parte más dilatada. El turismo y el comercio requieren un sustento de infraestructura y organización, de producción y servicios. En el curso zig-zagueante del San Juan se ofrece el recurso generatriz para desarrollar ambas actividades: traer y llevar turismo, llevar y traer comercio.
No descansa el proyecto granadino en ningún sueño de megaproyectos, que podrían hipotecar la soberanía nacional. Es algo más simple y fáctico, respaldado por la historia y las empresas que dieron a Granada prestigio y riquezas. Se funda en la habilitación de San Juan como vía de comunicación con el exterior. Por allí entró a la ciudad la cultura que después se extendió a otras partes del país; por allí salieron hacia la Costa Atlántica los pioneros que sembraron bananales, aprovecharon los recursos naturales y desarrollaron un activo comercio entre Bluefields y Granada.
El proyecto granadino comienza con la apertura de una ruta navegable por la que transite un comercio buhonero, mientras se desarrollan actividades de más importancia con los mercados de los Estados Unidos y Europa.
La historia de los viejos tiempos que subyace en la imaginación popular y son parte de los recuerdos, las anécdotas repetidas de generación a generación, alientan la posibilidad de tener en el propio pago a un político que sobrepasa los límites departamentales y se proyecta hacia las alturas del poder, porque esa persona puede en el futuro dar impulso al proyecto granadino. Esto explica la importancia que tiene una misa de acción de gracia, en la Catedral de Granada.
* El autor es periodista.