- Pugna por certificaciones de calidad para el café de exportación
- En el ámbito centroamericano existen reglas estándares las que son de estricto cumplimiento a nivel mundial
Leslie Nicolás [email protected]
Las supuestas irregularidades en la certificación de la calidad del café viene a sumarse en la lista de afectaciones que han provocado la crisis en el rubro, conflicto que hasta hace una semana se había manejado como un secreto por las repercusiones que implica en el mercado exterior.
Los directivos de la Unión Nicaragüense de Cafetaleros (Unicafé) y directivos de Bolsa Agropecuaria de Nicaragua (Bagsa) mantienen una pugna por la ventaja que tendrían cada una en la certificación de calidad del llamado “grano de oro”.
Todo inició con la apertura de un laboratorio de análisis de calidad del café de exportación en Bagsa en noviembre pasado, el cual según directivos de la Unicafé no cuenta con los requerimientos técnicos exigidos.
Dicho laboratorio cuenta con el aval de la Oficina Nacional de Acreditación (ONA) del Ministerio de Fomento Industria y Comercio (Mific) que lo autoriza para realizar pruebas de aspecto, humedad, tamaño, gusto, aroma, acidez, cuerpo, licor y tasa del café.
Sin embargo, Freddy Tórres, directivo de la Asociación de Cafetaleros de Matagalpa (Asocafemat), explicó a LA PRENSA, que “este laboratorio se aprobó en contra de las normas técnicas a sabiendas que no llenaban algunos requisitos”.
Aquí citó como ejemplo la contratación permanente de un staff de catadores encargados de realizar los análisis de calidad, y por otro lado los equipos del laboratorio no cumplen con las exigencias requeridas, asegura Tórres.
Al respecto, Luis Arévalo, gerente general de Bagsa, desmintió esta versión, pues según él para la acreditación del laboratorio esta institución tuvo que contratar especialistas en el ramo, entre los que se encontraban catadores y luego de complementar una serie de información, el Mific les otorgó la acreditación.
BID APOYO
El gerente de Bagsa, explicó que para reforzar las capacidades del laboratorio, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) financió la llegada de especialistas en catación. Además, en este mismo período se realizaron seminarios y talleres sobre catación y comercialización a los cuales se invitó y participaron los mismos productores, dijo Arévalo.
LA PRENSA intentó infructuosamente conocer la opinión del BID acerca de la controversia.
Para Tórres, Bagsa como institución comercializadora de productos e insumos agropecuarios no puede tener bajo su responsabilidad un laboratorio de este tipo debido a que “automáticamente se convierte en juez y parte” y ese conflicto de intereses no se puede dar en un laboratorio de certificación, añade el productor.
Arévalo, contrario a la posición de Tórres, explicó que “Bagsa es una sociedad anónima conformada por 180 socios, no es controlada por una asamblea general de accionistas y por consiguiente era el mejor lugar para que existiera un laboratorio que no tuviera intereses en conflicto. Ni con productores, ni exportadores, ni grupos políticos, esto garantiza transparencia del proceso” aseguró.