Al diputado del FSLN, Bayardo Arce Castaño, ex comandante de la revolución y antiguo jefe del aparato ideológico y propagandístico del Estado-partido sandinista de los años 80, le irritó el Editorial de LA PRENSA (“Encrucijada”) del martes 13 de febrero corriente. Y ademas de advertirnos que no debemos tomar partido contra el FSLN pretende determinar cómo debemos informar y opinar, según se desprende de las declaraciones públicas que dio el miércoles 14 de febrero, las cuales reproducimos en la página siguiente.
Quienes leyeron el mencionado Editorial recordarán que en esa ocasión dijimos -y lo reiteramos ahora- que es insano obligar a la gente a votar sólo por dos partidos; que el acuerdo bipartidista libero-sandinista es un pacto perverso que ha puesto en una angustiosa encrucijada a los ciudadanos democráticos, que adversan al partido liberal gobernante pero temen que si regresa el sandinismo al poder se podría restaurar el totalitarismo revolucionario; y que este temor es comprensible porque Daniel Ortega ha amenazado con hacer otra revolución (“cívica y pacífica”, dice ahora; “democrática, pluralista y no alineada”, dijo en 1979); y que, por lo consiguiente, hay suficientes razones para temer que si el sandinismo vuelve al poder podrían volver también el espionaje, la represión, la censura de prensa, etc.
Según el diputado Bayardo Arce, los temores de la ciudadanía democrática señalados en el Editorial de LA PRENSA, son “una cosa totalmente jalada de los cabellos” porque lo que Daniel Ortega plantea es “un cambio cívico, el cambio político, y como revolucionario que es lo califica como revolucionario”.
Pero una revolución, como lo sabe muy bien el diputado sandinista Bayardo Arce y lo saben por experiencia propia todos los nicaragüenses, es por su misma naturaleza un fenómeno político y social violento, arbitrario, represivo, que derroca las instituciones estatales, confisca y expropia la propiedad y transforma radicalmente las relaciones de producción y de distribución, independientemente de que los revolucionarios tomen el poder por la lucha armada o mediante unas elecciones. Una revolución de los sandinistas es lo que en 1979-1990 condujo a Nicaragua a la catástrofe del totalitarismo, la guerra y el colapso económico. Y otra revolución de los sandinistas es lo que con justa razón teme la mayoría de los nicaragüenses que vuelva a ocurrir.
Por otro lado, el diputado sandinista Bayardo Arce trata de poner en entredicho el profesionalismo de LA PRENSA porque dio a conocer el número de su teléfono celular, y se informó que él (Arce) no había querido pronunciarse “sobre algo” cuando se encontraba de vacaciones. El diputado Arce se refiere, sin decirlo expresamente, a la publicación de una denuncia de la antigua propietaria de Editorial y Litografía San José (empresa que fue confiscada por la revolución sandinista y convertida en propiedad del FSLN con el nombre de Editorial Nuevo Amanecer), que al ser devuelta por orden judicial a sus legítimos dueños éstos la encontraron saqueada y en ruinas. En esa ocasión se buscó a los dirigentes sandinistas Tomás Borge y Bayardo Arce a fin de que dieran su versión de los hechos, pero ellos no atendieron la solicitud que se les hizo, lo cual se expresó en la nota informativa tal como lo establece el Código de Etica de LA PRENSA, y se informó también a qué números de teléfono se les había llamado infructuosamente.
Según el diputado sandinista es anti ético hacer público su número de teléfono celular, al que lo llaman los periodistas cada vez que quieren conocer su opinión. O sea que es el teléfono que Arce usa habitualmente en sus actividades políticas y parlamentarias, las cuales son públicas por su propia naturaleza. De manera que no puede ser incorrecto y mucho menos anti ético dar a conocer los números de teléfono ordinario o celular del diputado Bayardo Arce y de ningún otro funcionario público.
Si el señor Bayardo Arce no fuese un empleado público que por lo mismo debe estar expuesto al escrutinio social, no conoceríamos sus números telefónicos, y si los conociéramos no los publicaríamos. Puede estar seguro de eso, así como de que las opiniones de LA PRENSA se basan en principios, no en inclinaciones ni fobias hacia ningún partido, aunque sea el FSLN.