Azarías H. Pallais
“Bienaventurados ustedes los pobres,
porque es de ustedes el Reino de los cielos.
Bienaventurados ustedes, los que ahora
tienen hambre
porque serán saciados.
Bienaventurados ustedes, los que
ahora lloran,
porque después reirán”.
(Lucas 6, 20-21).
¡Que la Gracia de N. S. Jesucristo sea siempre con vosotros! Amén.
El pecado es la única grande y verdadera cárcel.
La Gracia de Jesucristo es la única grande y verdadera libertad.
Los que están en pecado, aún cuando vivan en un palacio tienen su conciencia como la peor de las cárceles; y los que están en la Gracia de Cristo, aún cuando vivan en una cárcel, tienen su conciencia como el mejor de los palacios.
No tengamos, pues, miedo de las cárceles, de los hombres injustos, puesto que se equivocan la mayor parte del tiempo y encarcelan a muchos que Dios tiene en la libertad de sus hijos; tengamos, sí, miedo de la cárcel de Dios Justo, puesto que no se equivoca nunca y tiene en sus cárceles a muchos que andan libres y son honrados y estimados entre los hombres. Porque hay dos vidas, ésta mentirosa donde todas las cosas son vistas “como al través de un espejo” y aquella, verdadera donde todas las cosas son vistas “cara a cara”.
Nuestro Divino Señor y Maestro, por amor a los hombres quiso ser preso entre los presos. Se hizo hombre y esto es una cárcel oscura. ¡Ser hombre! Se hizo pobre y esto es una cárcel más oscura todavía. ¡Ser pobre! Murió como morían los esclavos en una cruz y esto es una cárcel oscurísima. ¡Ser esclavo!.
Así el Señor de la Libertad nos libertó del pecado que es una cárcel espantosa y de la muerte que es una cárcel más espantosa todavía, y del infierno que es una cárcel espantosísima, superlativa, plenaria.
Dios es la luz de nuestra lámpara; sin El comienza la cárcel porque somos lámparas apagadas. Dios es el perfume de nuestra rosa, sin El comienza la cárcel, porque somos rosas marchitas.
¡Que la Gracia de N. S. J. C. sea siempre con vosotros! Amén. Yo os saludo, como saludaba a los cristianos, aquel Pablo que estuvo muchas veces preso por la predicación de la Buena Noticia: “in carceribus abundantius”.
Jesús
Rey que vive en los pobres
En los que nacen sin techo
y sufren la injusticia
en los condenados y abandonados
en los torturados y maltratados
en los insultados y despreciados
en los que nadie quiere
en los que todo el mundo evita.