“Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso”

Pbro. Silvio Fonseca Martínez

Lectura del Santo Evangelio, según San Lucas; 6, 27-38.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “A ustedes que me están escuchando les digo: Amen a sus enemigos, háganle bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los calumnian. Al que te hiera en una mejilla, ofrécele también la otra; y a quien te quite el manto, no le niegues la túnica. Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames.

Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Si aman a quienes los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien a quien los trata bien a ustedes, ¿qué mérito tienen? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores se prestan entre ellos para recibir lo correspondiente.

Ustedes amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio; así su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo. Porque Él es bueno con los ingratos y malos. Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso; no juzguen, y Dios no los juzgará; no condenen, y Dios no les condenará; perdonen, y Dios los perdonará; den, y Dios les dará una buena medida, apretada, repletada, desbordante.

“Porque con la medida con que midan, Dios los medirá a ustedes”.

Palabra de Dios.

Lecturas bíblicas:

Samuel 26, 2-3. 7-9. 12-13.22-23/Corintios 15, 45-49. 10-12/San Lucas 6, 27-38.

El texto evangélico de este domingo recoge la teología y la práctica central del evangelista Lucas, conocido como el Evangelio de la Misericordia. Aquí sobra cualquier exégesis bíblica o cualquier intento de interpretación forzada que eleve a acomodar la conciencia; se trata de una interpretación literal que sólo resta llevarla a la práctica.

La frase que elijo en esta ocasión y que está tomada del mismo Evangelio, no es una máxima del cristianismo al igual que otras religiones donde encontramos frases similares que son expresiones de moralidad y que también persiguen el bien al prójimo, la tolerancia, la convivencia y la reconciliación. Diríamos que es la identificación y esencia del cristiano que procura practicar el amor.

El texto nos trae la realidad que vivimos todos los días: enemistades, rechazos, maldiciones; este puede ser gratuito, porque viene sin culpa nuestra, o provocado por nosotros mismos. En ningún momento el Señor nos está librando de estas situaciones; lo extraordinario radica en nuestra actitud hacia las personas: es una actitud de perdón, de comprensión y de misericordia; no buscando en el otro una reacción similar, sino la expresión de sus convicciones y la formación de la buena conciencia. Sucede con frecuencia y con normalidad la turbación de nuestra vida cristiana cuando vivimos estas situaciones, no quisiéramos tenerlas y hasta nos sentimos con sentimiento de culpabilidad al sentirnos responsables de algo que yo no lo hice. El cristiano en este caso debe formarse una recta conciencia, considerando incluso la bendición y la prueba de Dios al tener enemigos, rechazos, maldiciones, porque es la oportunidad privilegiada de dar muestras de nuestra fe.

Yo exhorto a los políticos que están en el auge de su campaña electoral; apelo sobre todo a su conciencia cristiana, que la carrera electoral no significa fabricar enemigos; ser adversario político no significa ser su enemigo; y no dañando a las personas en su dignidad; nadie tiene el derecho de ofender o violentar lo más íntimo de su conciencia. El poder debe alcanzarse no por haber desgastado los discursos atacando a las personas sino por proponer programas serios y seguros para la ciudadanía. Hay que diferenciar entre señalar situaciones sucedidas anteriormente, cuya historia no se puede borrar, ni las personas que estuvieron al frente de ellas y por ende responsables; al cabo que la verdad se impone por sí misma y el pueblo lo tendrá muy en cuenta al depositar su voto en las urnas electorales.

Nicaragua es una sociedad cristiana, marcada por el Evangelio, esos principios cristianos y la gran herencia familiar no pueden perderse; ellos han sido nuestra inspiración y normas de conducta; el perdón cristiano ha sido el fundamento de nuestra tolerancia y estabilidad de nuestra nación; urge una conversión de aquellos individuos que puedan concebir en su mente y su corazón el odio, la trampa y la muerte; la historia nos ha enseñado que todos aquellos que actuaron así sólo nos heredaron destrucción y muerte. Es hora de que los nicaragüenses le rindamos culto a la misericordia. Desear el bien para todos, como Dios es bueno con todos, ser misericordioso como Dios es misericordioso; así todos seremos hijos de un mismo Padre y diremos con conciencia limpia: Padre nuestro que estás en el cielo y en la tierra.  

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