¿Es posible organizar la gran alianza?

  • Es un hecho confirmable que Alemán no recurrió al pacto para cederle el poder a los sandinistas y que hará todo lo posible que le permita su posición política para que el liberalismo conserve el poder, así se vea obligado a hacer concesiones

Mario Alfaro Alvarado

Gana terreno la idea de organizar una gran alianza para competir en el proceso electoral que se avecina y obtener con los votos una nueva perspectiva de cambio para Nicaragua como nación. En forma contradictoria, hasta los más entusiasmados con la idea no atinan a definir esa gran alianza, aunque sostengan con convicción que en ella debe participar la sociedad civil, como fuerza esperanzadora ante el desprestigio de los partidos políticos.

Siempre pasa así. Cuando los hechos humanos se escapan del ámbito limitado que en espacio y tiempo les han marcado las circunstancias y caen bajo el dominio de la historia, adquieren una dimensión que resulta difícil de aprehender en todas sus implicaciones y consecuencias.

En la historia los acontecimientos están relacionados entre sí, forman una cadena en continuo flujo, tal como afirma Erich Kahler. Y es aquí donde se pierde toda noción histórica porque es común en este país creer con muy escasas dudas que la historia siempre está comenzando.

Los acontecimientos que suceden hoy tienen una raíz tan larga como una centuria. En el filo de los dos siglos, el que pasó ayer y el que comenzó hoy, descubrimos que ya no es posible volver a transitar una vez más los caminos andados y nos paraliza la idea de forzar un cambio por temor a no sé qué cosa.

Ha correspondido al Partido Conservador situarse en el ápice de una decisión que está más allá de sus capacidades operativas. Un error, una decisión equivocada puede resultar fatal para la organización verde que, como piensan algunos, enfrenta su última oportunidad histórica. Sin embargo, no está solo en esa posición, también el PLC y el FSLN como partidos hegemónicos de estos momentos, enfrenta cada uno su última oportunidad histórica. Es algo que se percibe en el ambiente político nacional.

Liberales y sandinistas delinearon los trazos generales de la estrategia electoral del próximo noviembre; pero no pudieron prevenirlo todo, porque los imponderables al quedar fuera del cálculo aparecen inesperadamente e introducen trastornos en las empresas mejor planeadas.

Por otra parte, los cálculos políticos de los conservadores se sustentan en una ecuación formulada con dos variables: la reforma a la Ley Electoral y la candidatura de doña Violeta. La debilidad en la naturaleza misma de esta fórmula es que ambas variables responden a dos conclusiones opuestas, una positiva y otra negativa. De la respuesta positiva de los dos términos se derivaría la formación de la gran alianza, pero basta que uno de los términos resulte de signo adverso para que se desplome todo el conjunto.

Es un hecho confirmable que Alemán no recurrió al pacto para cederle el poder a los sandinistas y que hará todo lo posible que le permita su posición política para que el liberalismo conserve el poder, así se vea obligado a hacer concesiones. Otro hecho confirmable es que a ninguno de los partidos pactistas se le ocurrirá realizar un fraude electoral, porque tendrían que hacerlo juntos, lo cual es una contradicción, y porque ambos necesitan ganar limpiamente las elecciones. De lo cual se desprende que la decisión electoral está en manos de los votantes y que cualquier intento de violentar los resultados -tan sólo el intento- puede precipitar al país en una crisis general que el actual gobierno no podría solucionar.

Hay mucha razón para que los jóvenes dirigentes del Partido Conservador se sientan frente a una delicada situación porque les deja muy poca capacidad de maniobra. En el poco tiempo que queda para las elecciones es improbable organizar una gran alianza con la capacidad de una maquinaria electoral que pueda vencer al duunvirato Alemán-Ortega e introducir los cambios que el país reclama -mejor decir exige- con urgencia.

La ficha de la reforma a la Ley Electoral le dará tiempo a los conservadores para acomodar mejor sus piezas en el tablero y deben prevenirse de que no será aceptada su iniciativa, puesto que los pactistas tratarán, alargando el tiempo, de debilitar la posición política del PC. Sobre el tablero deben haber otras jugadas que los verdes puedan ejecutar para salvar algo y no ser eliminados de la competencia.

El autor es periodista.  

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