Gerardo Reyes (El Nuevo Herald)
I Parte
CARACAS.- Contó el propio presidente Hugo Chávez, ante miles de seguidores que celebraban la semana pasada el golpe militar del 4 de febrero, que cuando le ofreció al canciller José Vicente Rangel el cargo de ministro de Defensa, éste le respondió: “Hugo, ¿tú me estás mamando gallo? Yo soy un tipo serio’’.
Chávez le explicó entonces: “No chico, no es broma’’ y Rangel aceptó.
Contada así, la anécdota podría pasar a engrosar la voluminosa colección de decisiones espontáneas del presidente Chávez, pero ahora han surgido algunas versiones que indican lo contrario: el nombramiento de Rangel fue un enroque urgente, destinado a dejar en claro que la disidencia es uno de los pocos gustos que no se pueden dar los militares en Venezuela.
Al menos ésa es la percepción que tiene el ex general y ex ministro de Defensa Fernando Ochoa Antich, uno de los directivos de una asociación de militares retirados que se ha convertido en un muro de lamentaciones secretas de oficiales activos.
Ochoa considera que la decisión del presidente fue una respuesta rápida ante las evidencias de un descontento general en las Fuerzas Armadas, una instituación que Chávez sabe muy bien que ha cambiado violentamente la historia de este país en varias oportunidades.
“Lo quiera o no aceptar el presidente Chávez, el descontento es creciente’’, afirmó Ochoa a El Nuevo Herald. Ochoa, sin embargo dijo que ese malestar está muy lejos de provocar una conspiración militar organizada.
“La gente se me acerca y me pregunta: ¿y qué van [a] hacer las Fuerza Armadas? [ante la situación del país] y es un sentimiento que está cogiendo fuerza’’, dijo Ochoa, fundador del Frente Institucional Militar, una organización que reúne a unos 300 militares retirados y que ha empezado a ocupar un espacio importante en la oposición.
Algunos “sectores importantes del país’’, explicó Ochoa, están convencidos de que la figura de Chávez impide cualquier tipo de “consenso nacional’’.
“A mí lo que más me angustia es que el gobierno está empezando. Ni siquiera en Colombia que está en una guerra, la situación llega a estar tan abosolutamente radicalizada porque, mal que bien, están dialogando la guerrilla con Pastrana. Pero es que aquí no hay ningún tipo de diálogo porque Chávez, en vez de tratar de que este sentimiento se neutralice con una política de diálogo, lo que hace es un política de enfrentamiento tratando de doblegar esos sectores sociales y eso es supremamente peligroso y empieza a rondar la violencia en el camino’’.
El “enroque de Rangel’’ se produce un mes después de que el saliente ministro de la Defensa, el general Ismael Eliecer Hurtado, fue el protagonista de un fiasco que según fuentes, Chávez lamentó en privado y criticó en público sin mencionar nombres.
Por su propia iniciativa, Hurtado citó a una rueda de prensa para mostrar algunas de las 140 pantaletas —calzones de mujer— que fueron enviadas por correo a su despacho por desconocidos con mensajes sobre la supuesta debilidad de las Fuerzas Armadas frente a Chávez.
“Si no actuamos pronto, de manera organizada y efectiva, con los otros oficiales de las cuatro fuerzas, con los grupos organizados de oposición de la sociedad civil (…) pónganse esas pantaletas que les enviamos, a partir de ese instante los llamaremos pantaletudos y cobardes’’, afirma una de las notas.