Israel Enrique Benavides
No soy afiliado a ningún partido político, sin embargo, como la toma de decisiones políticas afecta nuestra vida diaria sentimos la necesidad de participar en el debate político en tanto éste sea a nivel civilizado.
Esta vez quisiera reflexionar alrededor de un concepto que de manera fortuita apareció en el escenario político después de las elecciones municipales y cuya denominación es el famoso “Voto democrático”. Desde mi punto de vista, las elecciones de 1990 demarcan una dimensión cuya lógica dialéctica es la elección de los llamados a administrar la cosa pública a través del voto en un ambiente plural, en el mecanismo de la era moderna no existe otro en el mundo civilizado.
En este sentido vale la pena preguntarse. ¿En un sistema democrático existe el voto antidemocrático? Y si existe ¿cuál es ese voto?, obviamente algunos analistas de derecha, en particular don Jorge Salaverry, quien no sé bajo qué criterio infiere que el voto antidemocrático es el voto sandinista, semejante criterio tiene una connotación filosófica excluyente y marginalizadora con un alto contenido de intolerencia y antipluralismo.
El concepto de voto antidemocrático tiene validez en sistemas políticos monopólicos donde, por la existencia de un solo partido la clientela política no tiene otra opción. Ahora la esencia de la democracia es la libertad en todos sus contornos dentro de la cual está el derecho a elegir y ser elegido. En esta perspectiva el voto que se produce en un ambiente donde no existe la coacción y el elector tiene múltiples opciones es per se un ejercicio eminentemente democrático, sea éste liberal, sandinista, conservador, camino cristiano o cualquier otra variante.
La aspiración de cualquier ciudadano nicaragüense con independencia de su credo político, a la hora de votar es la libertad, la justicia social y el mejoramiento de sus condiciones de vida, en esto existe un común denominador, sin embargo quién o qué corriente política le va a garantizar esas reivindicaciones, eso lo decide el individuo de manera soberana en correspondencia con la visión que la persona tenga de los partidos contendientes.
Lo que queremos demostrar aquí es que un voto que se produce en un ambiente de pluralidad jamás puede ser antidemocrático, es cierto que del ejercicio democrático puede surgir una dictadura porque el voto puede ser traicionado, pero la traición no anula el espíritu del ejercicio; por ejemplo, nadie puede decir que el voto que eligió a Collor de Melo en el Brasil o el que eligió a Alemán en Nicaragua fueron votos antidemocráticos sólo porque el primero fue corrupto y el segundo es esencialmente antidemocrático y su lógica política es la corrupción y el atropello a todo aquel que discrepa de sus posiciones, incluyendo a la prensa nacional.
* El autor es director de la Escuela de Comercio Internacional y Economía en la UCC.